junio 27, 2011

Voces de la prisión

Escrito por redacción

 

1. Miguel Hidalgo, en  el cubo de la torre del ex colegio de la Compañía de Jesús, Chihuahua, talló en la pared unas décimas:

 

Décimas para los carceleros (cabo Ortega y Melchor Guaspe)

Miguel Hidalgo y Costilla

 

Melchor tu buen corazón,
Ha adunado con pericia
Lo que pide la justicia
Y exige la compasión
De todo en la prisión
Das consuelo al desvalido
En cuanto te es permitido
Partes el postre con él
Y agradecido Miguel
Te da las gracias rendido
Ortega, tu crianza fina
Tu índole y estilo amable
Siempre te harán apreciable
aun con gente peregrina
Tiene protección divina
La piedad que has ejercido
Con un pobre desvalido
Que mañana va a morir
Y no puede retribuir
Ningún favor recibido

 

 

2. Miguel Hernández desde la Cárcel de Sevilla

Nanas de la cebolla

Miguel Hernández

 

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en lunas
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete niño
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

 

3. Prisionero anónimo desde la cárcel Rancagua, Chile

 

“en la cárcel de  se han suicidado 7 reos en lo que va del año. prefirieron partir, colgándose de sus sábanas o ahorcándose con el cable de la . se piensa que no resistieron el traslado a la flamante cárcel concesionada, con sus celdas aisladas y su servida en bandeja. murieron de soledad y desconcierto. desapareció la carreta, los perkin, los choros, la ronda del mate…la droga, la comida cocinada sobre el anafre, el canto de los canutos…parece una locura, pero esos presos preferían la temida “peni”, ese vertedero hacinado y violento, a la nueva cárcel donde ya no existe el cobijo de la tribu. así somos los humanos, aguantamos cualquier cosa, pero somos capaces de morir de soledad. ellos no resistieron. tienen que sentido el peor de los dolores, que es el que  del desamor y el abandono. así no es difícil comprender porqué murieron. el precario  en el que transcurrían sus vidas se destruyó de golpe, se quedaron haciendo  en el andamio, y, de repente, así nomás, se soltaron…”

poema

que no  vayas te digo

amor mío, que no te vayas te digo,

cuántas veces te he dicho que no te vayas!

vuelve, que no te vayas, te digo

no me vas a dejarme solo, te digo

no me vas a dejarme.

porque aquí me quedo a gritos

me quedo llorando, no me dejes te digo

no me puedes dejarme

llorando llorando.

te grito quédate, quédate

mírame aquí dejado, llorando

no me puedes dejarme

llorando dejarme, llorando llorando

 

4. Jacobo Silva Nogales, preso del ERPI en Almoloya de Juárez

El subcomandante Marcos, el 16 de septiembre de 2005, desde La Garrucha, Chiapas, citó un poema de un guerrillero preso en Almoloya:

“Nosotros, como “la otra campaña” no podemos hacer eso; tenemos que ser leales entre compañeros, y no dejar solo a nadie, ni olvidarnos de nadie. Y voy a nombrar aquí en uno de los extremos a dos compañeros, un hombre y una mujer, que están presos y que –si les creemos a los familiares que llegaron a una de las reuniones– se adhirieron a la Sexta; se trata del compañero Jacobo Silva Nogales y la compañera Gloria Arenas Asís, presos del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente. Voy a leer un poema de Jacobo Silva Nogales, que se llama Efectos Secundarios, que escribió hace exactamente dos años en la cárcel de Almoloya:


Si acaso pudiera,

allá por la entrada

de entrada pondría yo un letrero

y diría: “precaución,

manéjese con cuidado”

En dosis muy altas,

puede producir dolor,

ansiedades, neurosis, insomnios,

depresión, intentos suicidas,

desintegración familiar, soledad, amargura,

adicciones a medicamentos o drogas,

a tele programas insulsos,

a cualquier deporte, espectáculo,

al sueño,

cerrados los ojos o abiertos,

claustrofobia, tal vez narcisismo,

onanismo o cambio de opción sexual.

Un breve contacto podría producir

ira contenida, garganta anudada, ardor en los ojos.

La exposición prolongada,

aún indirecta,

podría producir corazones duros,

aún más que la roca.

Y en casos extremos,

sadismos ocultos tras un rostro adusto,

muy serio.

Así son las normas.

En almas sensibles,

puede provocar deseo de algún cambio,

y alguna gotita de esfuerzo.

Y en la última línea,

diría la etiqueta:

En vez del eterno “consulte a su médico”,

un simple y sencillo:

“consúltese a sí mismo

y haga algo ¡carajo!”.

 

10 de agosto del 2003, Almoloya de Juárez.

Jacobo Silva Nogales

 

5. Notas suicidas del “poeta caníbal” para su madre, octubre 2007, reclusorio norte:

“No sé qué paso por mi vida, pero me perdí, perdí todo lo que tuve y lo que tendría. Dejé ir tus palabras de amor y aún más, tus noches en vela por cuidar de mi ser. Mientras llorabas yo, indolente, callaba sin más. Tu consejo no servía ya para mí, era invencible. Sin darme cuenta me rodeé de gente extraña que sólo vino a dañarme más de lo que estaba. Hoy aquí, tras estas rejas que me aprisionan, junto al silencio de estos fríos y largos pasillos, te digo con el corazón entre mis manos: no me dejes de ti y, sobre todo, perdóname, mamá”. Su segunda nota afirmaba: “Estoy resuelto a irme, no soporto más el peso de mi desgracia, intenté perderme en el falso camino y sólo conseguí hundirme más, sólo pido que se conserven mis letras, ya que es lo único bueno que he hecho en la vida, no puedo escribir más, me voy y perdón por el dolor tan grande que les causo”.

José Luis Calva Zepeda, octubre 2007


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80 comentarios a “Voces de la prisión”


  1. Montserrat
    Twitter: sacattac

    Muy buen texto, se tienen muchos prejuicios sobre la gente que está presa e incluso ellos en su encierro, encuentran la inspiración para escribir bellas palabras sobre situaciones no tan bellas.

    Responder

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