septiembre 12, 2013

El día que la felicidad dejó de ser feliz

Escrito por Mario Arriagada Cuadriello

Bhudist index

Hace tiempo que se reportan con regularidad las varias mediciones mundiales sobre los niveles de felicidad de las naciones; lo que opinan los ciudadanos y lo que miden los expertos. Ay, somos más felices que los países ricos, ay, somos más miserables que los venezolanos. ¿Cómo podemos reaccionar ante este ejercicio reiterado que la prensa disfraza de una suerte de campeonato mundial de la alegría? Pareciese que estamos en un mundo mejor, uno al que le preocupa la felicidad de sus habitantes y no una sarta de minucias. El mundo nos invita a pensar en lo importante, ese parece ser el mensaje detrás de esos ejercicios. Ay, que felicidad pensar en la felicidad. Ay, todo mundo podría ser feliz.

De hecho, así fue como ganó cierta fama el cuarto rey de Bután, Jigme Singye Wangchuc (cabeza de una de las monarquías postcoloniales más aisladas del planeta).  Ay, qué sabio rey que dice que en su mágico reino en el Himalaya no importa el PIB per cápita sino la Felicidad Nacional Bruta. Para qué querrían sus súbditos salir de la fría cordillera y ver el mundo si ya son tan felices ahí mismo, bajo su tutela, obligados a usar su traje típico, tomando té de mantequilla de yak y engullendo los peores dumplings del continente.

Pero estos índices se han puesto más serios cada vez; ya le han quitado lo gracioso a la felicidad. Lo gracioso en sentido literal, la felicidad no es ya tan simpática y tampoco es una gracia dada, desde fuera, por la vida. Y le quitan lo gracioso de dos maneras: una manera práctica y otra filosófica. La cuestión práctica es que se busca medir metódicamente la felicidad cosa que, ay, les lleva a concluir que no todos podemos ser felices. El ejemplo más acabado de esto es el Reporte Mundial de la Felicidad 2013 (patrocinado por Naciones Unidas cada año) dice “no usar la palabra felicidad a la ligera” y, ay, no lo hace. Este cuidadosísimo ejercicio estadístico (en el que participan con regularidad Bután, su rey y su recientemente inaugurado Primer Ministro) dice encontrar “evidencia considerable sobre la naturaleza y las causas de la felicidad en sus dos grandes dimensiones [como emoción y como sentimiento]“.

Algunas de las causas determinantes de la felicidad (o la falta de ella) resultan ser: la capacidad para tomar decisiones con libertad, la salud (mental y de expectativa de vida), los menores grados de corrupción y los mejores grados de generosidad y apoyo del prójimo. Todo esto está medido, muy bien medido. Y lo que nos dice entre líneas es que, ay, no todo mundo puede ser feliz, que existe una distribución material de condiciones que provocan que unos puedan ser felices y otros no. El temperamento guapachoso ya no es suficiente. Ay qué infeliz debe ser la administración de la felicidad.

banksy's buddhaPero luego está el problema filosófico. ¿Qué es la felicidad? Es ingreso, es capital social, es estado psicológico ¿o es producto del ejercicio de las virtudes morales? El reporte del 2013 también contiene, en un capítulo 5 de imprescindible lectura, escrito por Jeffrey Sachs, una reflexión sobre la importancia de incorporar (en el futuro) las lecciones de la ética de la virtud y de los caminos para evitar el sufrimiento heredados de las grandes tradiciones de la antigüedad. Esas enseñanzas, se sospecha, también tienen la posibilidad de hacer a la gente más o menos feliz.

Ay, ya no todo mundo puede ser feliz, ay, malévolas precondiciones materiales de la felicidad. Qué extraño meditar sobre el anuncio de que nuestra burocracia internacional –llegado el momento- habrá de operacionalizar estadísticamente  la eudaimonia aristotélica y las cuatro nobles verdades del Buda Gautama, para después medirlos y computar su efecto en el estado de la felicidad global.  Pobres de aquellos ilusos que crean que la felicidad es un poema apenas calibrado por el esfuerzo y por el azar, por la música y por el equilibrio que produce, sin avisar, el vendaval. Ay qué infeliz que ahora esto sea la felicidad en el mundo. Ay qué infeliz que ahora nuestra idea de felicidad haya encontrado su método en la mecánica estadística  del pensamiento desarrollista del bienestar. Qué pena que haya sido en un texto razonado y escrito con los modismos racionalistas tan propios de nuestra era. Pero ¿pudo haber sido de otra manera? ¿alguna vez, en el rodar de los siglos, ha sido de otra manera? Éste es un libro de su tiempo, de eso no hay duda. Un producto que en el futuro causará perplejidad por ser fascinante y absurdo a la vez.

Nunca caballo tan bronco trató de ser domado con un arnés tan delgado. Ay, los sabios Himalayas nos han traicionado. Silencio. Pero, oh, el susurro de la dicha no se apaga aún. Porque, oh, qué mejor era que la nuestra para recordar la importancia de la rebelión. Porque qué felicidad hay en la rebeldía. Y qué gran felicidad da poder faltarle el respeto a la felicidad. En otros tiempos hubiera sido más difícil blasfemar así contra Dios o el tiempo. Pero eso hacemos ahora, hemos luchado fuerte y torpe, con toda la fuerza del hiper racionalismo para domesticar la felicidad. Y, oh, de estas épocas, en las que se le puede perder el respeto a lo ultramundano con tal desparpajo, habremos de querer muchas más.

@marriagad


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833 comentarios a “El día que la felicidad dejó de ser feliz”


  1. Anita Masson

    Muy cierto debe rebasarse el racionalismo y desarrollar nuestra inteligencia emocional


  2. Xavier Z. Watts

    ¿Que és la felicidad…? La respuesta ,cada uno la tiene en su interior y hay tantas respuestas ,como seres humanos hay en el mundo. La felicidad simplemente consiste en sentir placer con lo que se hace en cualquier momento del dia. Por eso los que nos encontramos en nuestro trabajo como pez en el agua tenemos mucho adelantado para ser felices y yo en éste dia de fiesta trabajando tengo que confesar que me he sentido feliz. Unas veces lo noto más que otras y hoy ha sido una de esas veces que ,disfruté y mucho. La felicidad que se procura un@,es mejor que la que se espera que te den los demás . Soy feliz con lo que hago,y con lo que soy,(siempre mejorando). La felicidad personal debe buscarla cada cual por su propio camino. Os quiero dar las gracias por la felicidad envuelta en palabras que me llega ;a todos los que escribis en este foro . MIL GRACIAS!!.


  3. Gerardo García

    ¡Qué interesante punto de vista! Coincido plenamente: hemos despojado a la felicidad de su sentido. En verdad es absurdo administrar, medir y homologar la felicidad… ¡Pobres de todos nosotros!


  4. Gabriel Cobian

    A mi no me parece que sea tan absurdo lo de medir la felicidad. La estadística muchas veces nos brinda información, en forma de pistas superficiales, que luego se puede verificar su hipótesis con una profunda investigación…En este caso, que la felicidad está ligada a la libertad de decisión, al entorno no-corrupto e incluso a las buenas vibras que recibamos de los demás.
    Eso sí, definitivamente no debería ser la forma en que la gente “observa” a la felicidad. Simplemente son datos que ayudan a mejorar en un extensión macro, cuando la verdadera felicidad simplemente se le deja sentir y sabes que está allí aunque no se le pueda “percibir”.


  5. Para Ser Feliz

    Estupenda narración, no cabe duda que cuando existe el deseo de ser feliz verdaderamente desde el fondo de nuestro corazón, la energía positiva crece y se multiplica ayudándonos a lograr lo que nos proponemos y muchas veces ni siquiera sabemos con certeza como es que las cosas se acomodan a la perfección, Gracias por compartir, me gusto mucho esta nota. Saludos, Diana.


  6. Joaquin Gorreta

    . COMO DESARROLLAR INTELIGENCIA ESPIRITUAL
    EN LA CONDUCCION DIARIA

    Cada señalización luminosa es un acto de conciencia

    Ejemplo:

    Ceder el paso a un peatón.

    Ceder el paso a un vehículo en su incorporación.

    Poner un intermitente

    Cada vez que cedes el paso a un peatón

    o persona en la conducción estas haciendo un acto de conciencia.

    Imagina los que te pierdes en cada trayecto del día.

    Trabaja tu inteligencia para desarrollar conciencia.

    Atentamente:
    Joaquin Gorreta 55 años


  7. Joan G. Skinner

    Un grupo de colegas en el mundo hemos consagrado buena parte de nuestras vidas a rastrear esta crisis, en mirar por dentro en qué consiste su impacto en cada ámbito, en singular o en el conjunto de las ciencias. Por fortuna hecha ahora también se han incorporardo a esta tarea sus propios mentores: físicos, biólogos, matemáticos, ecólogos, sociólogos. No hay ningún campo que se exceptúe de esta tremenda conmoción de la crisis de las ciencias. Las ciencias humanas tienen su especificidad, desde luego. Pero ello sirve para librarlas de los mismos padecimientos. ¿Y la de la educación? ¿Será la excepción? ¿Esas “Ciencias de la Educación” tienen alguna variante respecto a la idea de crisis?


  8. Lisa Richard

    Una vez que lo hayas hecho, experimentarás toda una transformación. Será como si acabaras de nacer a un mundo del todo nuevo. Te convertirás en un nuevo hijo de Dios, con un nuevo espíritu. Entonces Su Espíritu, que morará en ti, te permitirá hacer lo que resulta humanamente imposible: amar a Dios y a tus semejantes.


  9. Pasquale Reese

    Sitio donde se promocionan los videos musicales que tanto éxito han tenido en Youtube. Además cuenta con una página especial de archivos de audio, de donde se pueden disfrutar de algunas joyitas musicales del ayer y otras grabaciones del radioteatro del terror: El siniestro Doctor Mortis, Lo que cuenta el vientos y otras. (Los videos son imágenes sincronizadas con la música, ordenadas de tal forma que a los pocos segundo el espectador entra en complicidad con el autor del video y viaja junto a él, al mundo de las emociones).