septiembre 3, 2013

Saludar sin el Estado

Escrito por Saúl López Noriega

spock greetings

Al llegar a una reunión lo primero que hacemos es acercarnos a cada una de las personas presentes, tomar su mano, oprimirla, sacudirla y, finalmente, abandonarla. En no pocas ocasiones esta operación resulta un fastidio. Nos reunimos para conversar, comer, discutir. No para un antihigiénico apretujón de manos. A diferencia del tomar y dar la mano del médico que averigua el pulso del enfermo, en el saludo a primera vista no encontramos sentido ni finalidad alguna. No obstante, con un equivalente en todas las culturas, detrás del mecánico saludo se esconde una de las conductas medulares que cimientan lo social, ayudándonos a digerir nuestro profundo temor hacia el otro desconocido.

De esta manera abre José Ortega y Gasset sus reflexiones sobre el acto del saludo (El hombre y la gente, Alianza, Madrid, 1980). No lo olvidemos, advierte el filósofo español: el hombre fue un salvaje y, potencialmente, sigue siéndolo. De ahí que la aproximación con otro hombre siempre sea una posible tragedia. Hoy en día, tal acercamiento hombre a hombre parece cosa sencilla y simple, mas hasta hace poco este era un acto peligroso y difícil. Por ello, fue necesario inventar una técnica de la aproximación, un eficaz mecanismo que permitiera comunicar al extraño la aceptación de las reglas de conducta y el sistema de comportamiento que rigen a cada sociedad: una serie de firmes y seguros puntos de referencia para nuestro trato con los demás.

El saludo, pues, intenta precisamente desinflar el peligro de la impredecible y ambigua conducta humana. Poco importa que el ritual sea el occidental apretón de manos o la tibetana inclinación de la cabeza a un costado, acompañada de un estirón de oreja y una exhibición de la lengua, el saludo es el acto inaugural de nuestra relación con la gente por medio del cual declaramos mutuamente nuestra voluntad de paz y sociabilidad con el otro. Esto explica que el saludo se relaje con aquellos que nos son más cercanos, íntimos. La formalidad del saludo se vuelve innecesaria cuando nos encontramos ante algún amigo o pariente cuya conducta hacia nosotros podemos prever. En tales casos, probablemente, un levantamiento de cejas será suficiente para amortiguar el encuentro. Con el recién conocido, por el contrario, es necesario precisar –acolchonar- mucho más el saludo para expresar nuestra sociabilidad. Así, misterioso e imposible de descifrar a cabalidad, el hombre necesita del saludo como un termómetro de la amistad y proximidad con los demás. Una graduación de la sociabilidad que nos permite atinar cómo responder ante el otro.

Mas el saludo tiende a ser obsoleto. Conservando posiblemente su utilidad formal en bosques, desiertos o zonas rurales, donde saludar al extraño que se dibuja en el horizonte es fundamental para asimilar el encuentro, en las ciudades se ha reducido a una práctica entre conocidos. Una atención que usualmente no se comparte por las calles a extraños. Esto se debe, continúa Ortega y Gasset, a que la enorme cantidad de personas desconocidas que transitan en una ciudad rebasan la capacidad del saludo para regular la convivencia, confiando dicha tarea en un instrumento mucho más eficaz: el Estado. Así, precisamente porque ese conjunto de leyes y reglas lo han hecho innecesario, desde hace algunos siglos el saludo ha ido perdiendo formalidad, y probablemente pronto una inclinación de la cabeza o una mera sonrisa serán suficientes. Gracias al Estado el peligro potencial del acercamiento hombre a hombre ha disminuido drásticamente y ha menguado al saludo… ¿Será?

@slopeznoriega


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639 comentarios a “Saludar sin el Estado”


  1. Homer T. Perkins

    Las fórmulas son vílidas en función del conocimiento personal o no de la persona a la que nos dirigimos, así­ como del tratamiento que tenga por su cargo o tí­tulo. Aquí­ expondremos el motivo de la carta, de forma clara y sencilla. Expondremos los puntos fundamentales objetivo por el cual se escribe la carta (reclamación de un pago, realización de un pedido, etc). En caso de que sean varios los asuntos tratados, trataremos cada uno de ellos en pírrafos separados. Habremos de procurar dejar un amplio margen izquierdo (al menos 2, 5 o 3 cms). El margen derecho puede ser menos amplio. Y en la medida de lo posible justificar los pírrafos para que la carta quede mís elegante y presentable. Es la despedida y cierre de la carta. Debemos utilizar una fórmula acorde con la utilizada en la cabecera de la carta. Evite utilizar formas obsoletas como Dios guarde a Usted muchos años, Quedo a sus pies, etc. Aunque hay muchas formas de terminar una carta puede utilizar expresiones de este tipo: En espera de sus gratas noticias …, Sin otro particular por el momento …, Reciba un cordial/atento saludo …, Se despide atentamente …, Un saludo …, etc. No se olvide que unas lí­neas (tres o cuatro) por debajo de esta fórmula deberí­a ir su nombre y firma (de su puño y letra, aunque en determinados casos por el alto volumen de correspondencia, la firma estí impresa o en un sello de caucho). 1. Evite faltas de ortografí­a.2. Escriba las cartas por una sola cara del papel.3. Si escribe varias hojas, no olvide numerarlas.4. Inserte una lí­nea en blanco entre pírrafos.5. Inserte tabulaciones para hacer mís claro el contenido de la carta.6. La firma deberí­a ser manual. Rúbrica de puño y letra. (aunque hay casos en que es totalmente imposible por el volumen de correspondencia emitida).7. Evite tachones, manchas, arrugas, etc. Rehaga la carta cuantas veces sea necesario.


  2. Lara F. Wilder

    Las fórmulas son vílidas en función del conocimiento personal o no de la persona a la que nos dirigimos, así­ como del tratamiento que tenga por su cargo o tí­tulo. Aquí­ expondremos el motivo de la carta, de forma clara y sencilla. Expondremos los puntos fundamentales objetivo por el cual se escribe la carta (reclamación de un pago, realización de un pedido, etc). En caso de que sean varios los asuntos tratados, trataremos cada uno de ellos en pírrafos separados. Habremos de procurar dejar un amplio margen izquierdo (al menos 2, 5 o 3 cms). El margen derecho puede ser menos amplio. Y en la medida de lo posible justificar los pírrafos para que la carta quede mís elegante y presentable. Es la despedida y cierre de la carta. Debemos utilizar una fórmula acorde con la utilizada en la cabecera de la carta. Evite utilizar formas obsoletas como Dios guarde a Usted muchos años, Quedo a sus pies, etc. Aunque hay muchas formas de terminar una carta puede utilizar expresiones de este tipo: En espera de sus gratas noticias …, Sin otro particular por el momento …, Reciba un cordial/atento saludo …, Se despide atentamente …, Un saludo …, etc. No se olvide que unas lí­neas (tres o cuatro) por debajo de esta fórmula deberí­a ir su nombre y firma (de su puño y letra, aunque en determinados casos por el alto volumen de correspondencia, la firma estí impresa o en un sello de caucho). 1. Evite faltas de ortografí­a.2. Escriba las cartas por una sola cara del papel.3. Si escribe varias hojas, no olvide numerarlas.4. Inserte una lí­nea en blanco entre pírrafos.5. Inserte tabulaciones para hacer mís claro el contenido de la carta.6. La firma deberí­a ser manual. Rúbrica de puño y letra. (aunque hay casos en que es totalmente imposible por el volumen de correspondencia emitida).7. Evite tachones, manchas, arrugas, etc. Rehaga la carta cuantas veces sea necesario.


  3. Rodrigo Barreda S.

    El saludo de mano a extraños, es una forma evidente de que se desea entablar una relación de amistad y de interdependencia; en ese saludo va implícito el “no deseo tu agresividad verbal, sino deseo una relación de respeto mutuo “. En lo personal considero que el saludo no debe de evitarse; sino todo lo contrario, practicarlo cotidianamente con nuestros semejantes. Sobre todo si se tiene que tratar con personas a las que no se conoce y que por lo tanto no se tienen conceptos formulados de ella. Además es una forma de manifestar educación entre otras cosas. Porque nada hay más insoportable e intolerable que una persona prepotente, de la cual a las primeras manifestaciones corporales y posteriores expresiones verbales nos enteramos de inmediato.


  4. Katherine H. Skinner

    Volviendo a la enseñanza del texto, no olvidemos que el «saludo cordial» es el acto de inicio en la mayoría de las relaciones personales, donde va a depender, en gran medida, la impresión que los demás tengan de nosotros, y por consiguiente de nuestro testimonio cristiano.


  5. Silver Price

    Si nos ponemos a meditar sobre lo que son o pueden ser nuestras actividades, dentro y fuera del seno de la Sociedad, se nos viene a la memoria, la idea de que se hace absolutamente necesario, acudir a los medios que nos pueden servir, como aparatos o instrumentos de trabajo, sea cual fuere el género de vida a que se dedique el hombre, para conseguir labrar su PORVENIR; además no podemos olvidar que en esas circunstancias, la labor constructiva que en todos sus aspectos lleva a cabo la humanidad, queda en manos de quienes realizan las obras materiales e intelectuales, que bien pueden catalogarse como de carácter IMPERECEDERO.


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