agosto 26, 2013

¿Para qué recordar el mal?

Escrito por Ana Sofía Rodríguez Everaert

Oradour

Oradour-sur-Glane es un pueblo que está a 411 kilómetros de París, pero a 69 años de la historia del mundo. Desde el 10 de junio de 1944, se quedó estático y para siempre testimonio de aquello a lo que es capaz de llegar el hombre en sus peores momentos.  Sus edificios destruidos y rieles oxidados que no llegan ya a ninguna parte, se mantienen cercados para recordar a los 642 habitantes que entre hombres, mujeres y niños fueron asesinados a manos de soldados nazis, dejando vacío a este poblado.

Por órdenes del Gobierno provisional francés, ese mismo año se clausuró lo que quedaba de Oradour con el afán de conservar las ruinas. Una vez terminada la guerra, en la visita del general De Gaulle a la región, se tomó la decisión de mantener el sitio tal cual había quedado como recordatorio de los horrores de la Segunda Guerra Mundial. “Oradour-sur-Glane es el símbolo de las desgracias de la patria. Es conveniente conservar el recuerdo, para evitar que una desgracia tal se vuelva a repetir”, dijo De Gaulle. Desde entonces, Oradour es un “Pueblo mártir” que busca refrescar la memoria. Recorrerlo es definitivamente recorrer la cicatriz de un horror. Pero, ¿de qué sirve recordar este horror? ¿realmente evitamos que el mal se renueve con tan sólo recordarlo?

Cuando construimos memoria, en realidad construimos buenos y malos, víctimas y victimarios, explica Tzvetan Todorov. El mal existe en el hombre en tanto hay quienes han demostrado que es así, y cuando recordamos a los mártires de un pueblo a la mitad de Francia, realmente señalamos a los nazis como ese otro que alberga el mal. Todorov ve en esta distinción una trampa: el mal no nos es ajeno, pertenece a todos los hombres y nace del mismo lugar de donde nace la bondad. Por eso, señalarlo incansablemente con museos, monumentos y placas, no servirá de nada para su “domesticación” (la erradicación es simplemente imposible), porque será señalar a un fantasma y eludir la responsabilidad que tenemos todos de ser susceptibles a ser malos alguna vez.

Recordar al mal con culpables no sirve de nada, dirá Todorov. Podemos conmovernos o indignarnos, pero no entenderemos. Según él, el recuerdo se mantendrá  estéril mientras visitar las casas y escuelas destruidas en Oradour no nos explique el fenómeno del nazismo, ni tampoco las motivaciones de los soldados o los medios que emplearon. Pero, ¿no será que el problema esté en recordar? Podemos aspirar a humanizar el recuerdo e incluso a reconocernos en el mismo, pero mantener la posibilidad de la memoria mantendrá necesariamente latente la posibilidad del rencor. O, ¿habrá quien vea en una visita a la Iglesia de Oradour, en donde todas las mujeres y niños del pueblo fueron masacrados, la posibilidad de perdonar?

 @anasof_re


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697 comentarios a “¿Para qué recordar el mal?”


  1. YNES TORRES VELASCO

    Habra que reflexionar de forma individual o colectiva desde nuestros espacios de accion laboral de que manera evitamos en la medida de lo posible la violencia que nos recuerda dia que somos personas que transitamos en la construccion de sociedades democraticas, tolerantes y solo asi se entiende la modernidad como espacio de convivencia.