agosto 19, 2013

La Escuelita Zapatista o una nueva búsqueda del paraíso perdido

Escrito por Luciano Concheiro San Vicente
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Foto: Dorset Chiapas Solidarity

La semana pasada (del 12 al 16 de agosto) tuvo lugar el evento “La Escuelita Zapatista de la Libertad”. Mil setecientas personas de todas las edades, provenientes de México y otros países, viajaron a cinco comunidades zapatistas para vivir en ellas durante cinco días.  Los asistentes, guiados por un votán (“guardián y corazón del pueblo”, “guardián y corazón de la tierra” o “guardián y corazón del mundo”, según las definiciones dadas por el subcomandante Marcos), pudieron formar “parte de una familia indígena zapatista” (de nuevo, palabras del subcomandante Marcos) y con ello aprender del movimiento zapatista y lo que éste ha realizado desde su televisado levantamiento armado el 1 de enero de 1994.

Explicar la gran convocatoria que tuvo La Escuelita Zapatista desde el ámbito de la política sería tomar un mal camino. Este fenómeno forma parte de una historia larga e intrincada que precisa de una interpretación distinta, la cual preste menos atención al plano político y más al mitológico y psíquico. Esto se debe a que detrás de él se encuentra algo que emana del mundo simbólico: la búsqueda por el paraíso perdido.

La narración arquetípica es conocida y va más o menos así: Eva y Adán, los primeros humanos creados por Dios vivían en el Paraíso, un apetecible jardín en el que deambulaban desnudos y en donde no existía ni la muerte y ni el Mal. Podían comer de los distintos árboles que los rodeaban con la excepción del Árbol del Conocimiento. Como todos ya sabemos, tentados por una perversa serpiente, acabaron desobedeciendo la prohibición y Dios los expulsó del Paraíso. Con esto, no solamente dejaron de vivir cómodamente de los frutos del jardín y tuvieron que trabajar con sus propias manos, sino que conocieron el Mal y se convirtieron en seres mortales.

En la cultura occidental, particularmente desde el surgimiento de la sociedad capitalista moderna, se ha reactualizado innumerables veces el deseo de retorno al paraíso perdido. La Escuelita Zapatista es un capítulo más de esta historia. En ella, una vez más vemos esa pulsión por regresar al paraíso perdido, al Origen, a un momento sin Mal. ¿Cuál es el Mal en este caso? El capitalismo. Así, el paraíso por recobrar es un momento sin capitalismo en donde no nos rigiera la lógica de la sociedad del consumo.

A lo largo de los días que duró La Escuelita, los zapatistas mostraron su forma de organización (jurídica, económica, política) y sus distintos proyectos (talleres artesanales, centros de salud, producción agropecuaria). ¿Qué experimentaron los asistentes foráneos? Un mundo campesino, indígena y preindustrial, es decir, el paraíso del que ellos (miembros de sociedades de consumo, capitalistas e industrializadas) fueron hace tiempo expulsados. Los días pasados entre los zapatistas simbolizaron una fuga de su realidad para vivir en un espacio y un tiempo de desarrollo previo al que viven actualmente sus sociedades. En este sentido, las comunidades zapatistas no son una utopía por-venir, sino más bien una utopía ubicada en el pasado. Ir a La Escuelita no es viajar al futuro, es retornar al Origen: a un tiempo que ya no es y que se cree superior al presente.

¿Será que aquellos que recibieron las enseñanzas zapatistas logren recobrar el paraíso perdido o tan sólo su nostalgia por un mundo precapitalista se intensificará cada vez más?

 


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