julio 12, 2013

La ciencia del olfato: cerebro y nariz

Escrito por Saúl López Noriega

noseless sculpture

De los cinco sentidos del hombre, sin duda, el olfato es el más enigmático. Tal vez sea porque no se extiende a lo largo de nuestro cuerpo como el tacto o porque no ofrece esa sensación de dominio del entorno propia de la vista. Lo cierto es que se trata del sentido que tradicionalmente se ha ubicado en la marginalidad científica y cultural.

Mas esta apatía fue sacudida en el año de 2004 cuando los científicos estadounidenses Richard Axel y Linda B. Buck recibieron el premio Nobel de Medicina por revolucionar la investigación sobre el olfato, al ser los primeros en aprovechar la metodología molecular para determinar su funcionamiento. Su logro, a grandes rasgos, consistió en el descubrimiento de los receptores olfativos y la organización del sistema olfatorio. Esto es, la existencia de unos mil genes que sirven de receptores olfativos, los cuales son capaces a su vez de reconocer y memorizar más de diez mil diferentes olores. La hazaña fue doble: redefinió la manera de entender al olfato y lo colocó en el centro de la discusión.

Algunos años después, el especialista en el olfato, Avery Gilbert nos ofrece un atractivo trabajo de divulgación sobre los más recientes descubrimientos y líneas de investigaciones alrededor del olfato: What the nose knows. The science of scent in everyday life. Se trata de un recorrido que, avanzando entre el texto científico y el literario, explica cómo influyen los olores en nuestros estados de ánimo; de qué manera algunas tiendas y marcas de productos comerciales practican la manipulación olfativa para efectos de mercadotecnia; cuáles son los avances de los intentos tecnológicos para simular el sentido del olfato; qué futuro se vislumbra en la alteración genética olfativa tanto en el hombre como en los alimentos, etcétera.

Un tema, sin embargo, que destaca por su novedad y relevancia científica es el papel del cerebro en la habilidad olfativa. La concepción habitual, hasta hace muy poco tiempo, era que ésta dependía exclusivamente del número de células olfatorias. Entre más células, mejor olfato. No obstante, recientes investigaciones apuntan que la capacidad olfativa no se define meramente a partir de este aspecto, existe otro que incide de manera aún más decisiva: el cerebro. Esto se debe a que la acción de olfatear inicia cuando nuestras células sensoriales de la nariz convierten una señal química (las moléculas del olor) en una señal eléctrica (un impulso nervioso), el cual viaja al cerebro para su interpretación. Y ahí es donde está la clave: la manera de procesar esa información, el ejercicio simbólico e interpretativo que realiza el cerebro con los datos que recibe, es lo que determina la habilidad olfativa.

Esta estrecha relación con el cerebro, junto con otros hallazgos, han servido para diluir un mito medular respecto el olfato: su escaso impacto en la vida diaria. Más bien, las múltiples ramificaciones científicas que han brotado al estudiar bajo nuevas ópticas el sentido del olfato señalan un escenario diametralmente opuesto: su enorme potencial una vez que se entrena el cerebro para tal propósito y su indispensable presencia para interactuar con la realidad. Lo que sabe la nariz, pues, es mucho. Y apenas se está hurgando en ella para develar sus secretos.

Saúl López Noriega. Profesor e investigador de tiempo completo del departamento de Derecho del ITAM.

Twitter: @slopeznoriega


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46 comentarios a “La ciencia del olfato: cerebro y nariz”


  1. Francisca Barry

    Los sentidos del hombre son cinco: la vista, el oído, el gusto, el olfato y el tacto. Cada sentido recibe la acción directa del medio externo. Esta información se transmite a través de un nervio hasta el cerebro, en donde se origina la respuesta.