junio 28, 2013

El débito conyugal

Escrito por Teresa de Paz

monjas basquetbol

Se perdió aquel libro, lástima. ¿Qué haría mi madre con aquel tomo de unas ochocientas páginas casi Dina 4 sin ilustraciones? Yo estoy segura de que no me lo llevé conmigo, ni al viaje de novios ni al nuevo dormitorio. Ya me había enterado perfectamente de lo que parecía más interesante, de hecho, no recuerdo nada más que aquel capítulo y el color de sus tapas duras en tela azul cielo de verano con un toque azafata y letras doradas que titulaban: El libro de la buena esposa, o algo así, no estoy muy segura pero el concepto sí que lo era, ese era el concepto. Y en ese concepto estaba el otro, el primero y principal de aquel tomazo azul, lectura obligada de las jóvenes por casar, como preparación al acto, perdón, al acontecimiento.

Páginas y páginas que leíamos con fe, en la intimidad del dormitorio, con ansias de saber y alegrar nuestra zozobra. Nada de esto aparecía entre aquel cúmulo de obligaciones y deberes para la futura casada, aunque sí es cierto que uno de ellos se me quedó grabado, sólo uno, aquel primordial que toda esposa tenía que cumplir: el débito, ¡el débito conyugal!

Nuestra virginidad mental, aún adolescentes, era total, pero la otra, si bien era lo que su nombre indica, tenía ciertos rasgos de un “casi”, algún rudimentario conocimiento de lo que podría llegar a ser la hermosísima comunión de los cuerpos por y en el amor. Tras un tiempo de noviazgo, costaba imaginar que el débito era tan débito; más que nada, como nuestro espíritu crítico no estaba aún desarrollado, sorprendía que algo que se adivinaba maravillosamente placentero tuviera que ser tan ¡obligatorio! ¿Que había que meterse en la cama con camisón, nada de pantalones? Pues bueno, en fin, a mí me daba igual, incluso sin nada, pero no, mejor algo que te tuviese que quitar él, ahora caigo. Una leía y leía, repito, queriendo encontrar, pero a lo largo del capítulo siempre aquel concepto. ¿A qué tanta insistencia en la disponibilidad para algo que se adivinaba delicioso?

Al fin, todo se iba aclarando a medida que avanzaba la lectura, a saber: el débito conyugal, hablando en plata, significaba que había que estar disponible y con faldas (antes además ni existían los pantys), a cualquier hora, momento o situación en que tu esposo te reclamase para el acto, aquí sí “el acto”. Una estaba dispuesta a la santidad, y además, mi madre, sin haber leído el libro, me había comprado para el ajuar varios camisones de batista suiza.

Dispuesta a la santidad venía yo estando desde los quince, antes no, no me pregunten por qué. Todo debió empezar con el Baloncesto. Los entrenamientos eran en el parque casi anochecido. La mente puesta en el balón, el espíritu de equipo, el placer del ejercicio, el goce de encestar…, que yo empecé a tomarle el gusto a la noche de aquellos muros, y a desear quedarme a dormir con mis amigas internas. Conseguirlo algunos días era magnífico.

¿Y los ejercicios espirituales? ¡Ah, divinos! Interna cinco días, en silencio, fuera de todo… Podías leer paseando por el jardín o por la inmensa galería de tarima. Y cuando en tu balcón era de noche, ahí estaba la luna justo enfrente permitiendo ser contemplada y, en el embeleso, su blancura fuera una lección de pureza, tal y como nos decía el cura —siempre jesuita— que nos daba los ejercicios —siempre de San Ignacio de Loyola—.

Había que meditar, por eso el silencio; había que pensar en las tentaciones, en el pecado, en el infierno, por este orden. Tan lejano extraño y desconocido todo. ¿Dónde estaba?, ¿qué era? Incómodo, lúgubre. Aunque una vez que salíamos al pasillo, sumergidas en nuestros silencios, juraría que ninguna de nosotras, aun concediéndoles crédito, pensaba en aquellos terrores.

Los ejercicios que San Ignacio de Loyola debió de concebir para varones muy pecadores o curas deseosos, había que adaptarlos a las colegialas, de modo que todo venía a desembocar finalmente en el gran tema de la Pureza. Absolutamente obligatoria, ineludible, todo lo que no fuera pureza era el pecado aquel del terror. Una iba entendiendo, entrelíneas de las palabras del cura, que ser pura era no ser sucia. ¿Sucia? En fin, iba quedando claro que a tu carne no deberías darle placer alguno, que si te regodeabas en algún gusto, eso tenías que contárselo al confesor, que en definitiva era lo que a él, al confesor, le daría gusto, ahora sé.

¿Esto de la Pureza nos hacía meditar? Tampoco. Sin culpabilidad alguna de impureza, de rodillas en el confesionario, ibas desgranando desobediencias, perezas, y entonces las preguntas del confesor, oh, a las que una no sabía bien contestar, ¿eh?, y acababa diciendo que sí a no sé qué… para regocijo de sus carnes tras la rejilla, maldita sea, a costa de nuestro sofocón.

Y entonces llegaba el verdadero objetivo de los ejercicios, el gran Tema: La Vocación. La Llamada. Era un misterio sólo para las “elegidas”. Había que estar alerta. Había que escuchar la llamada. Teníamos que saber escucharla. Y si llegaba, si el Señor nos elegía, había que decirle SI, había que seguirle, había que entregarse a Él. ¡Ah!

¡Ya está! ¡He aquí ello! Hay que amar, sí, amar, pero ¿hay algo mejor que poner el amor en Dios, entregarse a Dios, renunciando a todo, a to-do, ¡ser suya!? Ay, esto era demasiado, era justo lo que yo estaba pidiendo a gritos, con el corazón ocupándome todo el cuerpo.

Diecisiete años y ya había tomado la decisión. Ardía en deseos de entregarme a Dios. Aquellas noches que me quedaba a dormir con las internas, yo me escapaba de madrugada y me iba a la capilla. Allá arriba, toda la perspectiva del altar y el Santísimo expuesto enmarcado de rayos dorados, dos monjitas delante arrodilladas muy quietas. Tanto silencio y la complicidad del órgano callado a mi espalda, aquel olor, aquel recogimiento.

 

A gustarlo todo acudía y a su encuentro

Vigilia en la capilla

A media luz la soledad      la paz

como un manto que me cubriera

hasta perderme aunada con la estancia

El abrazo intenso de aquel olor tan quedo

traspasándome hasta deshacerme

y completarme en plenitud

de todo y nada

 

Fuera la realidad

lejos todo anhelo          para adentrarme

para postrarme

en desnudez de espera

perfumada

de silencio elocuente

en luminoso pensamiento

de ardiente entrega

Y así      aquel deseo del corazón

hecho físico

tornaba el goce en profundo placer

de más allá

Aulas, galerías, comedor y parque parecían diferentes ahora, o yo era otra de repente. El zig zag de la espléndida tarima era arte puro; las paredes tan cálidas irradiaban más luz al aire cómplice de mi alrededor. Mis monjas preferidas me miraban distinto y aplaudían con la toca. Y la felicidad de la noche era ya también la tarde y la mañana, o las tardes y mañanas eran también noches. La madre Prefecta decidió hacerme congregante sin merecerlo. Yo acepté. ¿Y la tortura cuándo, frunciendo mucho la nariz al sonreír, me llamaba a aquel cuartito suyo frente al aula? Y luego resultaba que no hablaba, absolutamente nada, yo esperaba, ella sólo bordaba, metida en su bastidor con cara de sonrisa, quizá esperando de mí preguntas que no tenía, hasta que tras largos minutos, me preguntaba —rebosante de fraternidad—: ¿Te gustaría saber cómo nos colocamos la toca? Cada día algo por el estilo. Me presentó una tarde, por fin, a la madre General, a quien tampoco fui capaz de preguntarle nada. Algunas elegidas fuimos conociéndonos, esto era importante. Una noche tuvimos despedida para una de ellas y, tras la cena, emocionadas, fuimos testigos de cómo su valentía era felicidad al traspasar la puerta de clausura. De aquella angosta abertura no salieron haces de luz ni música celestial. Proseguía el misterio.

Fueron unos meses brillantes. Todo este asunto de mi vocación era una espera gozosa de que pasase un tiempo que tenía que pasar.

¿Y entonces? ¿Ese libro azul prematrimonial?

Había salido ya del colegio —mi padre me sacó—, había salido de esos placeres de entrega espiritual que conservé un tiempo, poco, hasta que, aún en los diecisiete, enamorada del amor, creí enamorarme. De alguien que me hizo dejar el baloncesto. De alguien que demasiado pronto me haría maldecir el débito.


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75 comentarios a “El débito conyugal”


  1. ratóncito de bodega

    Estupendo! Sí, señora. Así era y no sé si así sigue siendo.
    Me hizo reír lo de la “llamada” porque, una, educada con las tiernas y reclutadoras monjitas, también estaba alertada de la posibilidad de que ello ocurriera…alertada y aterrada porque , a mis cortas entendederas, no se le ocurría cómo podía suceder semejante cosa. Muchas veces pregunté y nadie me supo aclarar…por tanto, durante un tiempo, viví pendiente del menor gesto, por si, sin querer, me pasaba desapercibido algo tan importante que, finalmente, no sucedió (o no supe o pude escuchar).


  2. Marion

    Felicitaciones, TERESA de PAZ, por este picaron y ameno texto, propio de tu inconfundible estilo. Desconocia la existencia de manuales para buenas esposas, jajaja!
    Felicitaciones por acceso a tribuna de Nexos. Era la publicacion que te hacia falta en America, ya que has aparecido en otras revistas prestigiosas.
    Aplausos y besos!


  3. Bastian

    Querida Tere… qué decirte, es un placer leerte y ahora, leerte por acá, donde compartís la dicha de ser vecina literaria de Ángeles. ¡Qué emoción!.
    Recordé mucho mi paso por el secundario de curas al que asistí, y también ese deseo -inculcado- del famoso llamado en el qué al poco tiempo de escapar de allí, dejé de esperar…
    Precioso relato que evoca las vivencias de la educación religiosa de esos tiempos…
    BESOS, Sebastián.


  4. Marion

    Hace varios dias ya que te puse unas lineas, Querida escritora, pero veo que no quedo registrada. Lo intento nuevamente, deseandote la mejor de las fortunas en este nuevo camino emprendido.
    Me encanto tu texto, tan ameno y a la vez profundo. Desconocia la existencia de manuales para buena esposa, jajaja!


  5. Marion

    Bien! bien! Esta vez accedi a la tribuna.
    Espero continuacion del relato. Hay una velada promesa en el ultimo parrafo?


  6. Fabiola

    Teresa muy bien lo que escribes pero, ay, pobrecita, esos tus primeros años, ilusionada, dedicada y doblegada a la “pureza” de adultos inmorales, indecentes al punto de robar la virginidad con preguntas, insinuaciones y consejos malévolos*. Sé que con el correr de los años has cambiado la lectura “del libro azul” por escritos más interesantes y que el “débito” acaeció en crédito. Felicidades Teresona.
    * opinión muy personal


  7. Marion

    Que sucede ? No han quedado registrados varios comentarios.


  8. Isa

    Me sorprende la sutileza con que hacían lavados de cerebros antiguamente. Buen relato, Teresona, me encanta.


  9. Areli

    Fantástico tenerte por aquí. Un nuevo camino que transitaremos contigo. Un abrazo, Querida Teresa.


  10. mcjaramillo

    Qué cosas…

    Felicidades y un abrazo.


  11. Wilton Drake

    se realizó el control oftalmológico y la confección de los lentes para aquellos alumnos, a quienes se les había detectado alteración de la agudeza visual y habían recibido anteojos en el año 2011 (alumnos bajo programa), realizando de esta forma el seguimiento y la reposición necesarios.


  12. Elena X. Rush

    Un disparo realizado por Ronald Augusto Sarango Salazar, personal encargado de la seguridad del Alcalde Provincial de San Ignacio, habría atentando contra la vida de Jeremías Peña Ojeda, joven san ignacino.Peña Ojeda señala que se encontraban en compañía de otros compañeros de trabajo, esperando les cancelen sus pagos, mientras tanto comenzaron a piropear a una señorita que estaba al frente, en el segundo piso de una casa, sin saber que era la esposa del deunciado agente de seguridad del alcalde.Según la información, minutos después llegó el denunciado Ronald Sarango Salazar, quien sin mediar diálogo alguno sacó su arma de fuego y se la puso en la cabeza de Jeremías Peña Sarango, incriminándole del por qué molesta a su esposa.Al no quedar satisfecho con las explicaciones, disparó su arma en situación que el entrevistado ya no puede precisar, porque se encontraba muy nervioso.La Policía enterada de los hechos condujo a Sarango Salazar hasta la comisaría provincial y luego, la representante de la Fiscalía procedió a tomar las manifestaciones de los actores de los hechos, quedando pendiente otras diligencias para determinar las responsabilidades de ley.


  13. Patty N. Chang

    Por otra parte, Delgado solicitó a José Rossi que entregase el bastón de mando, pero este replicó: «le respondí con una desvergüenza que aquel bastón me lo había dado el Rey, (y que) no lo largaría, solo que mequitasen el brazo y (así) me dejó».


  14. Francisca B. Barry

    Habituados los bandidos a no encontrar resistencia en sus víctimos habían penetrado a la botica y pensado ya en saquearla como si Paso hubiera sido degollado. Pero estaba de Dios que aquella noche había de ser de duelo para la Mazorca.


  15. Emilio Day

    Un disparo realizado por Ronald Augusto Sarango Salazar, personal encargado de la seguridad del Alcalde Provincial de San Ignacio, habría atentando contra la vida de Jeremías Peña Ojeda, joven san ignacino.Peña Ojeda señala que se encontraban en compañía de otros compañeros de trabajo, esperando les cancelen sus pagos, mientras tanto comenzaron a piropear a una señorita que estaba al frente, en el segundo piso de una casa, sin saber que era la esposa del deunciado agente de seguridad del alcalde.Según la información, minutos después llegó el denunciado Ronald Sarango Salazar, quien sin mediar diálogo alguno sacó su arma de fuego y se la puso en la cabeza de Jeremías Peña Sarango, incriminándole del por qué molesta a su esposa.Al no quedar satisfecho con las explicaciones, disparó su arma en situación que el entrevistado ya no puede precisar, porque se encontraba muy nervioso.La Policía enterada de los hechos condujo a Sarango Salazar hasta la comisaría provincial y luego, la representante de la Fiscalía procedió a tomar las manifestaciones de los actores de los hechos, quedando pendiente otras diligencias para determinar las responsabilidades de ley.


  16. mcjaramillo

    Qué, ¿se les acabó la imaginación o están todos en la comisaría?


  17. outletfhcuy

    smithwicks rusape siddharta exarticulation osteogenesis kuranda gilette hydrino abert http//www.icefishingtour.com laserguns chaunticleer zhanybek saulter roughnecks inequaltiyat recoagulating feneon segregated