junio 10, 2013

Hijos maravillosos

Escrito por Lorena Santibañez
niña avergonzada 2

Hace unas semanas, mi hermana me decía que en el colegio de sus niños acá en Los Ángeles, hay una actividad llamada “Family Share Day ”. Una vez al año van los papás de un alumno y dicen cosas acerca del niño que normalmente él (o ella) no diría de sí mismo. Por ejemplo, en el caso de uno de mis sobrinos, mi hermana y su esposo dijeron que en ese verano Tomás había pescado una barracuda él solito, que era muy bueno armando Legos, que le gustaba mucho su clase de piano, y que hablaba francés. Mi hermana me estaba diciendo lo bien que estaba este programa, porque procuraba que los demás compañeritos de salón conocieran otras facetas de cada alumno.

“Estaría padre que hubiera existido esto cuando nosotros estábamos en el colegio” me dice mi hermana. Claro que existía, le contesté. Y le comencé a recordar que en nuestro colegio cuando era tu cumpleaños lo celebraban en el salón. Todos los niños se sentaban en círculo. El cumpleañero caminaba por todo el círculo con un globo terráqueo en las manos dándole vuelta al globo (simulando los años y los días). Al centro se colocaba una vela representando el sol, entonces cada vuelta representaba un año de vida. Se daban 6 ó 7 vueltas según la edad que se cumpliera. Mientras el cumpleañero iba dando las vueltas, sus papás contaban anécdotas, talentos, actividades y las cosas más importantes que esa persona hizo durante dichos años. El niño procuraba dar las vueltas lentas para que los papás alcanzaran a compartir sus momentos más importantes. Si la niña cumplía 8 años, no se daban abasto con 8 vueltas para decir lo maravillosa que era su hija. La niña tenía que caminar despacito, apenas avanzando. Mientras los papás decían y se arrebataban la palabra para decir mil y una cosas maravillosas de su hija. La niña en cada vuelta se hinchaba más de orgullo hasta que acababa como pavo real. En algunos casos, inclusive llevaban fotos (en una ocasión hasta llevaron esas fotos chiquitas- diapositivas, para enseñarlas en alguna pared) y seguían diciendo anécdotas y momentos increíbles aún cuando la niña ya no estaba dando vueltas con su globo terráqueo en la mano.  Wooow, yo no veía cuando me iba a tocar a mi tener ese momento increíble el cual esperaba con ansias. Me urgía oír a mis papás decir cosas hermosísimas de mí. Claro que había “family share day” le dije a mi hermana, la bronca era que a mi mamá no le gustaban esas cosas.

Me molestaba muchísimo que mi cumpleaños fuera en julio porque no me tocaba por fecha que fuera mis papás a ese gran evento. Por ahí de mi cumpleaños número 8, le insistí tanto a mi mamá para que fuera al colegio, que poco antes de salir de vacaciones de verano, por fin se apareció. Y llegó el día de tan esperado momento. Estaba yo lista con el globo terráqueo en las manos, la vela al centro del salón, todo en orden igualito que en todas las otras ocasiones.

Comencé a caminar cuando mi mama comenzó a hablar. “¿Pues qué diré Lorena?” Y me volteaba a ver mientras me hacía esta pregunta. Yo pensaba, pues no sé, comienza a decir cosas maravillosas de mí. Desde ese momento vi que eso no iba a salir exactamente como todos los otros cumpleaños. “Pues a Lorena le gusta mucho el Ballet…” (pausa prolongada, como 3 pasos sin decir nada), se ríe mucho (estoy segura que lo que realmente quiso decir es que era muy “boje” –palabra muy utilizada por mi familia materna para decir que nos reíamos de puras tontadas todo el tiempo), es muy alegre, le gusta mucho dormir… ( otra pausa prolongada) y pues ¿qué mas Lorena?”. “Ohh noo, that’s it!!?? “¿¿No hay nada maravilloso que decir?? WHATT!!! Yo no contaba con esto, apenas iba en la segunda vuelta, me faltaban 6 para terminar y ¡ya se acabaron las cosas “increíbles” que decir de mí!

Me puse a caminar más rápido para que se acabara el martirio. Cada año comenzaba a hacerse eterno.  Por el silencio que sentía en todo el cuerpo, alcanzaba a escuchar el sonido de los grillos a kilómetros de distancia. Inventa cosas, exagera, no sé, pero ¡¡di cosas maravillosas de mí!! Ya lo que me urgía era pasar al pastel, que eso sí, los pasteles que hacía mi mamá eran inigualables. De perdida ahí me iba a reponer de tan mal momento.

Claro está que esto de caminar con el globo terráqueo por el salón de clases fue cosa de debut y despedida. Muy pronto mi pensamiento y mis deseos cambiaron.  Ahora le daba gracias a Dios por cumplir años en julio, jamás tendría que volver a vivir algo similar.


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82 comentarios a “Hijos maravillosos”


  1. liliana aripze garza

    Me encanto este escrito….. es muy natural, simpatico y entretenido….me senti identificada con ella! publiquen mas iguales!!!


  2. Alberta Reed

    Jajajajjaj esta buenisimo!!!!! Ordinario y nostalgico a la vez, con buen humor y chispa!
    Me gustaria leer mas de este tipo.
    Gracias!!


  3. Abraham Watkins

    El día que terminé la escuela primaria no quise dejar solo a mi querido globo. Al salir de la fiesta que nos dieron fui por él y conté a mis padres que la maestra me lo había regalado como premio a las buenas calificaciones en geografía e historia. Lo hice compañero de cuarto, ronquidos y sueños, al igual que un balón con las firmas de los jugadores del Roma ,el mapa de Italia y los posters de Sacco y Vanzeti, Manu Chao y Marcos. Cada noche, antes de acostarme, vuelvo al rito de acariciarlo, darle vueltas, sumergirme en sus aguas, caminar por sus desiertos y bosques y, en plan de nocturna despedida, rodearlo con mis brazos. Parecerían cosas de niño, y es cierto. Pero en lugar de pena, me llena de felicidad. El niño que no pudo resistir el encanto del globo es uno de los recuerdos que dan masaje a mis años.