junio 7, 2013

El tlacuache, el coco y el eucalipto

Escrito por J. Humberto Urquiza García y Luz Emilia Aguilar Zinser

Eucaliptos

La creencia en el tlacuache roba niños o el arribo nocturno del coco en represalia por hacer travesuras formó parte del imaginario popular de generaciones de mexicanos. Otro mito, éste divulgado por expertos en ecología y urbanismo, y de apariencia científica, es que la introducción masiva de eucaliptos al valle de México es responsabilidad del ingeniero Miguel Ángel de Quevedo. Por sugerencia del Dr. Manuel Perló Cohen hemos decidido hacer frente al mito y contribuir a la historia ambiental de la zona, sin forzarnos hacia enfoques de otras latitudes.

Parece imposible ubicar el momento exacto de la introducción en México del primer ejemplar de eucalipto, especie que forma parte de nuestro paisaje urbano y rural. Lo que si podemos precisar es cuándo fueron impulsadas las políticas gubernamentales que permitieron su plantación a gran escala en la cuenca de Anáhuac. El 30 de septiembre de 1854, en respuesta a la preocupación que ya tenían los liberales por la tala inmoderada de árboles y sus negativas consecuencias, la Comisión de Bosques y Plantíos presentó a la Sociedad de Mejoras Materiales el proyecto de Ordenanzas para reglamentar la conservación y aumento de los bosques. Nina Hinke expone que la introducción y propagación del eucalipto en nuestro país se dio en diferentes periodos históricos y en cada uno de éstos respondió a distintos objetivos. Fue en la década de 1870 cuando los médicos impulsaron la aclimatación de esta especie en el valle de México, con el fin de reducir la insalubridad. Según la autora, el doctor De Bellina propuso que para sanear la capital y sus alrededores era necesario plantar más de 50 millones de eucaliptos. No se sabe si se llevó a cabo la plantación en la cantidad propuesta por De Bellina.

Las tesis higienistas sobre las bondades de los eucaliptos que sostenían los médicos se difundieron constantemente en la prensa liberal de la época, pero fueron los ingenieros los encargados de aplicarlas. Por ejemplo, el 15 de mayo de 1877 en la Gaceta Médica de México se proponía que el eucalipto era el remedio para desaparecer los pantanos que rodeaban a la capital, modelo que fue propuesto por Bárcena y Anguiano para desecar dichos pantanos, en concreto los del lado oeste y sur del Bosque de Chapultepec, según indica la misma fuente publicada el 1 de diciembre de ese año.

El 12 de mayo de 1878 el Secretario de Fomento Vicente Riva Palacio instruyó a Mariano Bárcena, director del Observatorio Meteorológico Central, y a F. de Garay, Director General del Desagüe del Valle de México, para que compraran 100 mil eucaliptos al horticultor alemán Óscar Droege, como parte del Proyecto de Formación de Bosques y Arbolados en los suburbios de la capital. (El Municipio Libre, sábado 1 de junio de 1878, p. 2. ) Cinco años más tarde, el 23 de mayo de 1883 el Secretario de Fomento Carlos Pacheco de nueva cuenta firmaba un contrato con Droege para que plantara dos millones de árboles de diversas especies, en un periodo de cuatro años. En el contrato firmado con la Secretaría de Fomento se especificaba que el empresario estaba obligado a tener por lo menos 60 mil eucaliptos en sus “planteles” para repoblar distintas zonas de la capital y se comprometía a donar gratuitamente 10 mil de la especie globulus cada año para que la Secretaría les diera el destino que más conviniera a sus intereses. (El Siglo XIX, jueves 31 de mayo de 1883, p.1-2. ).

Durante la segunda mitad del siglo 19 pasó a formar parte del paradigma científico que  para combatir los efectos nocivos para la higiene que provocaba la deforestación era ideal la plantación de eucaliptos por ser de muy rápido crecimiento y gran resistencia a variadas adversidades del suelo y el ambiente. Con base en lo anterior es obvio que las primeras plantaciones masivas de eucaliptos no pueden atribuirse al ingeniero Quevedo, quien luego de permanecer en Francia 8 años, donde realizó sus estudios profesionales, vino a radicar a la ciudad de México en 1888. Si se revisa a fondo la obra escrita de M. A. de Quevedo se puede observar que sus iniciativas en materia de reforestación con eucaliptos siempre estuvieron mediadas por los avances de las ciencias silvícolas: el pensamiento forestal de Quevedo se mantuvo en constante evolución. Esto puede ejemplificarse en forma breve si consideramos que cuando Quevedo inició su campaña para la fundación de un servicio forestal nacional en 1901 y aplicar su plan urbano en la capital de “ciudad jardín”, “ciudad bosque”, conocía la necesidad de realizar la plantación de cualquier especie, no sólo del eucalipto, bajo condiciones controladas y darles el adecuado mantenimiento. Desde la primera década del siglo 20 fue insistente en la necesidad de contar con un servicio de arboledas especializado. En la conferencia Espacios libres y reservas forestales, su aplicación a la ciudad de México, dictada ante el Consejo Superior de higiene y publicada por Tip y Lit. Gomar y Bousson, en 1911, es claro en la necesidad de usar las especies adecuadas a cada suelo para las repoblaciones forestales y las arboledas de alineación y brindarles mantenimiento.

Es interesante resaltar que en la Revista México Forestal, órgano de la Sociedad Forestal Mexicana, fundada en 1923 por Miguel Ángel de Quevedo y dirigida por él durante décadas, se hacen llamados a podar o talar eucaliptos que constituyen un peligro para los habitantes de la ciudad. En 1940, en el número de julio-agosto, en una sección de recomendaciones para Coyoacán (p.76), Quevedo pide: “En la Calzada Sur del antiguo y clausurado Cementerio, contiguo al Puente, suprimir los altos eucaliptos del centro de esa calzada, estableciendo en sustitución en toda su longitud, un camellón con plantas floridas y pasto (…)”. Más adelante solicita “Podar los eucaliptos del contorno Norte y Oriente del Vivero (…)”. En el número de marzo-abril de 1941, (p. 25) de la mencionada publicación, se recomienda a las autoridades capitalinas, en ciertos casos, el derribo o la fuerte poda del eucalipto, “en virtud de que este árbol, principalmente el globulus, se desarrolla en gran altura y su enraizamiento en el suelo no tiene arraigo suficiente para sostenerlo en pie, bastando un viento algo fuerte para derribar esos altos árboles, causando desgracias y hasta la muerte de los transeúntes”. En esa misma nota se afirma que “dicho excesivo desarrollo del eucalipto tiene además el inconveniente de que no se asocia en buena espesura con los de otras especies”.

¿Que dicta hoy el paradigma científico respecto de los eucaliptos, cuál es su valor ambiental? En opinión del doctor Héctor Benavides Meza, destacado investigador del INIFAP y catedrático de las materias de “Arboricultura Urbana” y “Recursos Forestales de México y su Manejo Sustentable”, en la Facultad de Ciencias de la UNAM: “no hay especies forestales malas o buenas, su pertinencia depende del sitio y las condiciones donde se plantan y el mantenimiento que posteriormente se les da. Hay zonas donde una buena opción pueden ser los eucaliptos por su rusticidad y tolerancia a diversos factores ambientales, por lo tanto, son indicados para la reforestación, y hay otras áreas en las que resultan inadecuados: los eucaliptos tienen sus ventajas y desventajas. Muchos de los problemas que ocasionan en la ciudad de México es por que se plantaron en lugares equivocados y en forma masiva, situación que no puede atribuirse a quien haya introducido estas especies a México o cualquier otra; así como a la falta de mantenimiento. Lamentablemente refiere el Dr. Benavides que perdura la filosofía de plantación de “planta y abandona”, entonces los eucaliptos u otras especies empiezan a crecer en función de los factores ambientales que influyen en ellos, que pueden deformarlos y los convierte en un riesgo.”

Han corrido siglos de historia de la cuenca de Anáhuac en una tensa relación de sus pobladores con los equilibrios naturales. Se desecaron los lagos, se talaron los bosques y se degradaron los suelos. Desde mediados del siglo 20, para restablecer las condiciones de salubridad, se han buscado diversas soluciones. Como vimos, desde antes de que Quevedo iniciara su vida profesional se pensó que los eucaliptos eran una alternativa para la repoblación forestal y se procedió a su plantación masiva en el valle de México. En el curso de las décadas se ha abusado de esta especie arbórea y en tiempos recientes se ha generalizado el repudio a su utilización, con frecuencia con criterios más supersticiosos y derivados de prejuicios, que científicos.

51 comentarios a “El tlacuache, el coco y el eucalipto”


  1. Ellen G. Contreras

    Los grandes lagos, los suelos fértiles, los bosques y la variedad de coníferas que caracterizaban el paisaje de Coyoacán, han sido sustituidos gradualmente por el avance de la mancha urbana, llevando a la deforestación y al agotamiento del suelo, lo que pone en serio peligro natural a la zona.


  2. Julio César

    Lo que siempre he oído con respecto al ingeniero de Quevedo, es que fue él quien trajo las preciosas jacarandas a nuestra ciudad. El resto fue parte de una de las últimas administraciones dignas de recordarse.
    Al respecto, creo que es un error, en el último párrafo cuando dice siglo 20, debiera ser siglo 19. En el siglo pasado después de los cincuentas, solo ha habido desastre tras desastre. No puedo pensar en “soluciones, ecológicas o de salubridad”” durante la administración del señor Hank.
    Gracias por publicar algo sobre nuestra ciudad.


  3. Lorena Martínez

    Muy interesante artículo. Quiero completar diciendo que don Miguel Ángel de Quevedo hizo diversos intentos por forestar el Valle de México con especies nativas como cedros y fresnos pero por el suelo, anteriormente fondo de los lagos,no prosperaron, de ahí que haya decidido, luego de un viaje a las colonias francesas en África que debía plantar otras especies que fijaran el suelo, para luego sustituirlas por las nativas. Pero debido al éxito que desarrollaron las plantaciones de eucaliptos, éstos llegaron para quedarse por varias décadas.


  4. Katya Hinke

    Hola, soy hermana de Nina y me gustaría me dijeran en qué libro o revista encontraron las contribuciones que mi hermana hizo. La referencia es incompleta. Muchas gracias


  5. Sam Alexander

    A favor del ingeniero, hay que decir que su intención era crear una cubierta vegetal para luego retirar las plantas extranjeras y sustituirlas por locales. No obstante, esto no sucedió, y los eucaliptos prosperaron en su nuevo hogar… con consecuencias para la flora de la región.


  6. Bruce Swansey

    Muy interesante el artículo. Confieso que en relación con esos árboles comparto un conocimiento que no es tal. Por ejemplo, que contribuyen a “acidificar” la tierra empobreciéndola. Lo cierto es que esa especie se aclimató muy eficazmente y tal pareciera que siempre estuvo allí.


  7. Omar Castellanos

    Excelente articulo, en particular desconocía el origen de los eucaliptos en el valle de México, así como parte de la obra de Miguel Angel de Quevedo.


  8. J. Humberto Urquiza García
    Twitter: Juan Humberto Urquiza García

    Pedimos una disculpa a los lectores por no haber puesto la referencia completa del importante trabajo de la Dra. Nina Hinke. Para todos aquellos interesados en el tema o para conocer las aportaciones de la Dra. Hinke, favor de consultar la siguiente referencia: Nina Hanke, “La llegada del eucalipto a México” en Ciencias, Revista de la Facultad de Ciencias de la UNAM , no. 58, abril-junio, 200º, p. 60-62.


  9. Diana Alejandra Méndez Rojas

    Me intereso mucho su artículo, toda la vida me habían dicho que los eucaliptos eran malos. Por ejemplo en el CCH- Oriente, el cual tiene un problema por la falta de abasto de agua, a la vez que enfrenta niveles de desertificación, se han intentado campañas de reforestación. Y en algunas de ellas se ha optado por la tala de los eucaliptos pues se dice que absorben mucha agua.

    En otra experiencia personal, en el lugar donde vivo (Los Reyes la Paz, edo. de México), en los 60s se realizo una campaña de reforestación y se opto por el reparto, prácticamente de casa en casa, de diferentes especies de pino. Algunas de ellas definitivamente no eran las adecuadas, y han generado a lo largo del tiempo daños en las construcciones, por lo que ahora los vecinos las talan, muchos de ellos de forma ilegal, pues se han talado tantos que el municipio ya no quiere otorgar las licencias. Por otro lado, el municipio no vigila que los que talan sus árboles los reemplacen por otros y que estos sean especies adecuadas, por lo que el problema parece que continuara.

    Su investigación es muy pertinente.


  10. MARTHA

    creo que le corresponde a Semarnap encabezar una campaña para dar a conocer la especies adecuadas para cada ciudad que son las del conflicto, en los pueblos la gente se hace cargo de sus ramas pero en las ciudades es donde deben educarnos para saber que plantar y que cuidados tener con cada arbol que plantemos, muchos de nosotros queremos arboles y terminamos sembrando y trasplantando arboles poco adecuados a cada ciudad solo porque nos gustan como se ven en otro lado, pero muchas veces no vemos a la larga los daños a las estructuras y a las propias avenidas donde estan incrustados nuestras hermosas sombras naturales, que dicho sea de paso nos servimos de ellos para usarlos de estacionamientos.


  11. José Luis Escalera

    Ya es claro el criterio de privilegiar especies nativas sobre las exóticas. En éste sentido, el eucalipto debería desestimarse al decidir una especie a plantar. En los valles de México y Puebla, por ejemplo, las distintas variedades de encino son las más apropiadas, sobre todo para plantaciones masivas.


  12. uriel

    tienes la bibliografia que sustente lo que dices?
    la podrias publicar?
    saludos