junio 6, 2013

Alfredo Corchado: cuando el reportero se vuelve su propia nota

Midnight_in_Mexico.jpg– Primero las buenas noticias. Los narcotraficantes no quieren meterse con un corresponsal estadounidense.

– ¿Cuáles son las malas?

– Que no pareces estadounidense.[2]

 

Una de las duras verdades del periodismo en México es que, para los gobiernos y las organizaciones criminales, las vidas de los reporteros nacionales valen menos que las de los corresponsales extranjeros. Desde el 2000, según Artículo 19 –organización no gubernamental dedicada a promover la protección de la libertad de expresión– han muerto 74 periodistas en México. De ellos, sólo uno no ha sido mexicano: Brad Will.

(Zane Plemmons, un freelance méxico-estadounidense, está bajo el rubro de “desaparecido” desde el año pasado.)

La respuesta parece ser simple: el temor que inspira ser objeto de la ira de un gobierno de otro país –en particular el estadounidense– es suficiente para dejar en paz a los corresponsales. No así a los mexicanos, cuyos homicidios rara vez son esclarecidos, al grado de que México aparece de forma constante en el Top 10 del “Índice de impunidad” del Comité para la Protección de los Periodistas, (CPJ).

Es por ello que el caso de Alfredo Corchado, cuya memoria periodística Midnight in Mexico fue publicada la semana pasada en Estados Unidos, resulta en particular interesante.

Corchado nació en San Luis de Cordero, Durango, hace más de medio siglo, pero se mudó a Estados Unidos con su padre –un bracero–, su madre y siete hermanos. Al contrario de muchos mexicanos cuyo sueño siempre ha sido el “americano”, decidió volver a México después de graduarse y trabajar en la prensa local estadounidense. Fue el Dallas Morning News el que lo hizo cruzar la frontera de regreso en 1994. Desde entonces y hasta hoy se desempeña como corresponsal del periódico en el país.

A lo largo de esos casi 20 años, Corchado ha cubierto desde los últimos respiros de la presidencia de Carlos Salinas de Gortari hasta el regreso del PRI con Enrique Peña Nieto. En el ínterin fue el primer periodista en entrevistar a Vicente Fox después de ganar la elección de 2000 y conoció bien a Miguel Monterrubio, funcionario encargado de lidiar con la prensa extranjera al principio del sexenio de Calderón y uno de los fallecidos en el avionazo de noviembre de 2008.

La línea de investigación de Corchado se fue modificando de forma natural durante ese tiempo. El cambio comenzó con los feminicidios de Ciudad Juárez y continuó con el incremento sustancial de violencia relacionada con el narcotráfico bajo Felipe Calderón.

Corchado, como corresponsal extranjero, tuvo acceso a varias historias y fuentes a las que los reporteros mexicanos no acuden –en gran parte por el peligro que ello representa–. Ese estatus reservado a la prensa foránea le permitió tener exclusivas de impacto, como la que ocupa el eje central de su libro.

El artículo en cuestión, titulado “Mexican cartels in talk to split turf”, y publicado en junio de 2007, cuando comenzaba a arreciar la llamada “guerra contra el narco”, relataba un supuesto acuerdo de los distintos cárteles mexicanos para reorganizar rutas de distribución y el control de territorio por esas fechas. El fin era reducir la violencia y mantener el negocio intacto.

Según las fuentes que Corchado consulta más tarde, la publicación de su texto perturba el pacto al grado de que se cancelan las negociaciones.

Días después, Corchado recibe una llamada de una de sus múltiples fuentes –a lo largo de Midnight in Mexico es fácil quedar atónito con la cantidad de fuentes que maneja Corchado, desde agentes estadounidenses y del gobierno mexicano hasta personajes con vínculos directos, o que  incluso forman parte del crimen organizado–. La fuente le dice que tiene 24 horas para irse del país. Que hay una amenaza en el aire: un corresponsal extranjero será ejecutado al día siguiente, y lo más probable es que sea él.

Es así como Corchado se va primero a Puerto Vallarta a escribir reportajes de viaje –en lo que se “enfría” la situación– y después a Harvard, donde es becado por la Fundación Nieman para estudiar durante un año. Pero incluso allá sigue conectado al país de forma ineludible: cuando Barack Obama gana la presidencia por primera vez, él abandona la celebración para seguir la historia que secuestra a México esa noche, la muerte de Juan Camilo Mouriño.

Corchado debe unir las piezas e interrogar a sus contactos –sin saber en quién confiar– para poder determinar si en verdad está en la mira de uno de los tantos cárteles. El libro se lee como un thriller escandinavo de los que están de moda ahora y el peligro que enfrenta Corchado es tan espeluznante que uno olvida que no se trata de un trabajo de ficción. (En algún punto llegué a pensar “lo van a matar”, hasta que reaccione: él escribió el libro.)

Aunque Midnight in Mexico va dirigido a un público estadounidense con un conocimiento somero de la historia del narcotráfico en el país, Corchado revela varios datos importantes a lo largo del libro –y lo hace como si no fuera la gran cosa– que le pueden poner los pelos de punta inclusive a un mexicano mejor versado en el tema. Eso, y la fluidez con la que narra una situación compleja tanto personal como nacional –entrelaza de manera hábil su vida de los dos lados de la frontera con los cambios en ambos países– hacen de sus memorias una lectura obligada.

 

Esteban Illades[1]

 


[1] @Esteban_is. Periodista y escritor. Futbolista frustrado.

[2] Corchado, Alfredo, Midnight in Mexico: A Reporter’s Journey Through a Country’s Descent into Darkness, Penguin Press, Nueva York, 2013. [La traducción es mía]


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264 comentarios a “Alfredo Corchado: cuando el reportero se vuelve su propia nota”


  1. Janelle O. Gay

    “La confusión sobre el numero de victimas fatales de esta desgracia es una prueba del desorden que impera en las instalaciones de petróleos mexicanos en Reynosa, la región en la que se ha ensayado la privatización de PEMEX, en franca contradicción con lo que aun estipula la nuestra constitución”, anotó.


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