abril 8, 2013

Habitaciones de papel

Escrito por Francisca Gómez

Con la intención de rendir homenaje a los diez años de la muerte de Octavio Paz, en 2008 se realizó el Encuentro Latinoamericano de Escritores, donde se encontraron poetas y narradores para contar de manera íntima, sus motivaciones en la creación de la palabra. Sandra Lorenzano rescató las ponencias y dio origen a Pasiones y Obsesiones. Secretos en el oficio de escribir (2012).

Los autores y las autoras que en este libro exponen sinceramente sus pasiones y motivaciones a la hora de escribir, demuestran y  dan cuenta que en la creación de palabras no hay más de imaginación como de propios traumas. Entendamos al trauma como impresiones subjetivas de nuestra propia vida que marcaron hitos instantáneos y que posteriormente somos capaces de ver. El escritor se enfrenta a eso a través de la prosa.

Había una vez Octavio Paz. Había una vez muchos escritores que se juntaron a hablar sobre sus obsesiones. Una suerte de correlación de historias intentando explicar las razones de su pasión por plasmar palabras en una hoja de papel.

Según Adolfo Castañón, Octavio Paz, por ejemplo, escribió a partir de la necesidad que le produjo un día, hablar de su pasado. Como si llegara un momento en la vida donde las percepciones del presente fueran una pérdida de tiempo y no se puedan construir más habitaciones imaginarias sin conocer los cimientos, la tierra donde edificaremos los relatos. Si Paz en un momento se obsesionó con su pasado, quizás fue, como él mismo lo explica en su poema “La Búsqueda del Presente”, para seguir proyectando espacios inconscientes en el hoy.

“El mundo era ilimitado y, no obstante, siempre al alcance de las manos,

el tiempo era una sustancia maleable y un presente sin fisuras”.

Creo que Paz intentó explicarse a sí mismo, en retrospectiva y con la edad, donde somos libres de las obsesiones conscientes.

Había una Daniela Abade contando a partir de qué nacen las ideas y figuras para relatar y cómo esos demonios de los que hablaba Cortázar se manifiestan a través de la tinta. Qué tan reconfortante, placentero, enriquecedor es, para un escritor ver esa inconsciencia hecha libro. Dicho en las palabras del guatemalteco Arturo Arias, admirar el edificio construido. “El escritor es un arquitecto”, plantea él.

La autora brasileña en sus cuentos que abordan el sentirse extranjero en todos lados, tienden a demostrar su pasión sobre encontrar historias de personas que, independiente del territorio que pisan, están pero al mismo tiempo no. Como ella. Si obviáramos la barrera de la intención de cada creador de frases, podríamos pensar que tanto Octavio Paz, como Daniela Abade, buscan encontrarse.

Sin embargo, en la compilación de Lorenzano también nos encontramos con Arturo Arias. Sí, el mismo que propone la arquitectura de la redacción, también nos plantea a la palabra misma, esa conjunción de símbolos con necesidad fonética. Y nos habla de la risa.

“La risa era la revolución que superaba el miedo, que no imponía ninguna restricción. La risa subversiva, siempre destruyó el horror, y a quienes lo nutrieron”.

Ese patrón humano de la diversión es el que intenta explicar Arias. Él vio, se interesó, se apasionó por la respuesta innata de la risa como un reflejo de lo que somos todos. He ahí la obsesión de este escritor-arquitecto. Las ganas de preguntarse, cuestionarse, vernos a nosotros mismos y ver las pasiones de las sociedades, culturas, comunidades. Su interés por los “grupos invisibles”, como él nombra, es la orientación de construir edificios a partir de la anécdota de las cosas.

Otro mexicano también expone. El turno en este plenario de escritores es de Pablo Boullosa con su “Un poco fuera de sitio”.

“…todos, según creo, hemos pasado siquiera en algún momento por esa necesidad de que nuestras palabras realmente signifiquen, realmente tengan poder, y no se queden en la nada”.

¿Ahí está la verdadera obsesión?

Boullosa es muy certero al recordar un poema de Myriam Moscona, “Las hijas de las extranjeras”, para quizás, sin quererlo, demostrar respeto, humildad y admiración hacia la intención del poeta. Y aunque insiste en que son sólo palabras queriendo ser más que eso, entiende finalmente que la importancia va en quién –y cómo- las recibe.

“Dar a la luz a la intemperie para que la sangre caiga en tierra firme

 hasta que las raíces se pierdan en la historia”.

Sangre que son palabras, intemperie que son historias imaginarias, tierra firme transformada en papel, raíces demoniacas que sólo queremos que se pierdan en los fragmentos de cada vida que las lee.

Que se pierda también la enfermedad, plantea entonces el venezolano Igor Barreto. Quien, en su obsesión por encontrarle la razón a la poesía y el origen a la enfermedad, narra la incomodidad ante el contraste entre el poeta y la realidad.

“El inevitable ‘yo’ del poeta invade o se apropia del espacio geográfico”, dice Barreto. Y para él no hay estrategia.

Este escritor es el que finalmente hace coincidir y propone unificar las exposiciones del libro. Nos hace ver de pronto, que la literatura latinoamericana trabaja con las mismas pasiones y obsesiones. La intención de hablar de la tierra, tradiciones y costumbres. Así como de las ganas por conocer el ayer para escribir sobre el hoy. La necesidad de reconocerse y hablar de los traumas como una herramienta de catarsis literaria que luego queda bajo la impresión del lector, siendo ese finalmente el objetivo. Hacer que los ojos del lector se ocupen de las habitaciones imaginarias construidas por el arquitecto de las palabras.

El lector se encontrará en esta compilación, con más de 30 narradores que se van preguntando si existe realmente una diferencia entre la pasión y la obsesión, no sólo al escribir, sino en todas las cosas. La mayoría de ellos lo entiende como la facilidad con la que una pasión se transforma en una obsesión y cómo la constancia en el oficio de contar historias puede hacer que esa transformación sea satisfactoria. Así nos revela Ignacio Solares, al contarnos de la obstinación de Octavio Paz sobre la corrección de sus textos. “Para Octavio los poderes de la palabra no eran distintos a los de la pasión, y ésta, en su forma más alta y tensa, no era sino poesía”.

Cada escritor, al exponer el mundo que rodea su proceso creativo, logra hacernos saber que la realidad a veces es más imaginaria que sus propios cuentos y así quizás podamos llegar a entender qué hay detrás de las habitaciones de papel.

 


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94 comentarios a “Habitaciones de papel”


  1. pilar

    Me encanto lo que leí. Creo que Octavio Paz vive en nuestra memoria.


  2. LRyiw814

    第二行开始为正文
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