enero 4, 2013

Historia, ciencia o narración

Escrito por Ana Sofía Rodríguez Everaert

La Historia parecería vivir en una crisis de identidad que por ser constante se ha vuelto ya definitoria. Sin embargo, en el eterno decidirse entre ser ciencia o ser arte olvida que es justamente la reflexión producto de esta polémica lo que verdaderamente la caracteriza. Más allá de la manera en que este vaivén pueda afectar el trabajo del historiador –cuyo acercamiento al pasado se rige más  por las costumbres de su gremio que por preocupaciones teóricas– en la Historia, el constante pensar en su utilidad y en el grado de certeza que puedan tener sus respuestas habla de la única conciencia que puede mantenerla verdadera humana.

La Historia que se considera científica no parte de pensar a la ciencia como aquella entidad inalcanzable, dadora de verdades absolutas, regida por métodos incuestionables y experimentos únicos. La ciencia para la Historia no es ese mundo que vive lejano, y que sin embargo, construye y deconstruye la realidad a su gusto. Al pensar en la Historia como ciencia, se tiene que pensar a la última como resultado humano, la forma en que a ésta la hacen los hombres, y por lo que en consecuencia lidia y es producto de las dinámicas que puedan existir entre ellos. La realidad de la ciencia es que ésta se produce de manera institucional con dinámicas y métodos que terminan por definir tanto al producto científico como los criterios de admisión de los investigadores al campo. Así, mucha de la producción de conocimiento en nuestros días podría definirse como científica.

Las preocupaciones y discursos científicos se encuentran entonces sólo en el tiempo en que son consenso para las instituciones y actores regentes, los métodos se construyen constantemente y las teorías que no pueden aspirar a la inmutabilidad, desafían al tiempo sólo desde el presente e innovan sólo fusionando los nuevos problemas con las prácticas heredadas y las dinámicas sociales ineludibles. La Historia no es excepción: “científica” veladora de discursos que tienen su razón de ser sólo en el imperdonable tiempo que las considera, como en el resto de las ciencias, lo que perdura en la investigación es la capacidad humana de investigar, de descubrir adaptándose a las condiciones; son recurrentes los científicos, sus prácticas heredadas e intuiciones para descubrir. Por eso, los experimentos responden al científico que los construye, y es falsa la pretensión de que puedan repetirse siempre de la misma manera. La Historia experimenta en cuanto a métodos y repite procedimientos para buscar las explicaciones más convincentes, y así es equiparable al resto de las ciencias. Pero entonces, ¿en dónde está la excepción que no deja a la Historia asumirse plenamente como ciencia? Probablemente en que la ciencia no se piensa a sí misma de esta manera, pero más importante, en que a la Historia la distingue su falta de presunción en la búsqueda y creación de conocimiento. Concientemente construye explicaciones en función del presente, no niega un método por definición más permisivo, y lo que finalmente la caracteriza al tiempo que la sumerge en el terreno de las definiciones inexactas e identidades incompletas, es su manera particular de compartir el conocimiento que construye.

Aunque el resto de las ciencias tienen métodos de exposición que de algún modo implican actividad literaria y de interpretación, la Historia construye este discurso de manera distinta, y depende tanto de él que es lo que la pone en duda. Su preocupación por la narración se explica porque parte fundamental de su construcción de conocimiento está en la descripción de los hechos que estudia y de su modo de estudiarlos. La Historia apela a un uso del lenguaje que por eso no es solamente explicativo, sino del cual también dependen los resultados de la investigación. Encuentra en la narración parte de la fuerza de su argumentación, pues si bien lleva a cabo un trabajo de investigación considerando variadas fuentes de información, la exposición es muestra de su capacidad de análisis y su adecuada transmisión. Para la Historia, la narración sigue siendo parte de la construcción de conocimiento, mientras que el resto de las ciencias asumen al lenguaje únicamente como un último traductor.

Así la Historia no puede hacer uso de un lenguaje que la aleje del mundo que estudia; su razón no está en el uso de una determinada terminología, comprensible sólo para su gremio, depende de un lenguaje que evoca a la sensibilidad y capacidad de entendimiento de quién lee sus explicaciones.  En este sentido, la validez de las construcciones históricas estriba en el reflejo que puedan tener con el lector, y para ello, el autor debe poseer un sentido de humanidad que de cuenta de su preocupación por los hombres que estudia y su utilidad para los mismos. Esto no hace a la Historia menos científica, sino todo lo contrario, encuentra en el arte de su explicación justamente aquello que la hace científica: su sentido de existencia por y para el hombre. Al asumirse  subjetiva y en función del presente, niega las verdades inmutables y absorbe el presente de los hombres. Esto es lo que expresa en su narración. La ciencia histórica no reclama ver al mundo como si no fuera parte de él, pues desde un principio se comprende como su producto y su única forma de explicación.

El propio cuestionamiento que se hace la Historia al nunca asumirse plenamente como ciencia o como arte es muestra de esta humanidad.  Que esté en una búsqueda persistente de la teoría y los métodos que la sustentan habla del contacto que mantiene con la vida cambiante de los hombres en el mundo. Esos obstáculos del progreso de las ciencias que podrían ser sociales, son también su fundamento primero, la razón de ser de las ciencias. Y eso es algo que la Historia ha asumido plenamente, más allá de teorías, experimentos o métodos explicativos, a esta ciencia la hacen hombres para ayudar a otros hombres a entender su realidad. Es útil enseñándonos aquello que explica nuestros conocimiento; la historicidad del mundo y la mutabilidad de sus verdades.

 


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54 comentarios a “Historia, ciencia o narración”


  1. luis enrique

    Quizá un físico, un químio, un biólogo o un matemátio no reconocerian su actividad en esta descripcion de la ciencia. Es deir, auqnue las verdades si son mutables, la concepción común es que se van refinando a partir de teorias menos precisas, no necesariamente se dan cambios radicales. y la repetición de los experimentos es la condición para validar nuevas teorias.
    Habría que diferenciar fisica, química o biología por su objeto, de la antropología, la historia o la sociología. Objetos diferentes implican métodos diferentes de validación.
    Para haer un símil, a la fisica, biología o quimica les interesan más las reglas del juego: en ajedrez su interés radiaia en descubrir los movimientos fundamentales de las piezas y las reglas extrañas como comer al paso y la coronación; mientras que a la soiología, historia o política les interesaria conocer la psicología d elos jugadores, las jugadas concetas que se dieron en una partida determinada, las que pudieron ser y no fueron, etc.


  2. Jose Luis G.

    LAS CIENCIAS como fisica y química buscan encontrar leyes que permitan manipular la materia, para obtener resultados deseables; su enfoque es la materia y el universo inanimado. El fenómeno interpretativo es secundario y solo se utiliza en función de su utilidad.
    El problema surge en la Biología, donde, además de el estudio estructural y funcional del los seres vivos, “se busca una explicación sobre su origen”,aquí inevitablemente se pierde el método inductivo y se procede a incorporar una narrativa que esté de acuerdo con las ideas vigentes (aún a costa de la evidencia contraría y de la violación de principios fundamentales descubiertos por la ciencia misma).
    Luego la ciencia se vuelca hacia el estudio del hombre y del fenómeno social, con la pretención de poseer el mismo grado de confiabilidad que en los fenómenos físicos y RECONSTUYE UNA COSMOVISIÓN acorde con las mismas ideas que desea reafirmar.
    La historia ha sido usada muchas veces como justificante ético de las situaciones culturales y políticas dominates… haríamos bien en poner en tela de juicio a los historiadores y releer a los autores antíguos… ellos al menos eran mas sinceros (si no precisos) en lo que nos dejaron.


  3. Mariano

    Las disciplinas sociales y humanas arrastran con un injustificado y añejo complejo de inferioridad frente a las ciencias naturales y las matemáticas. Una ciencia se define como tal no porque utilice una jerga ininteligible para el lego ni porque se valga de lenguajes simbólicos formales que la abstraigan de su objeto de estudio, sino porque sus hipótesis, teorías o postulados deben ser “falseables” (realmente nunca pueden ser verificados como verdaderos), es decir, deben poder ser contrastados contra la realidad a través de métodos experimentales repetibles. Por ello, las disciplinas sociales no pueden ni deberían aspirar a ser definidas como ciencias. Como bien lo menciona Luis Enrique, la naturaleza de su objeto de estudio es muy particular, y las metodologías de investigación no pueden ni deben emular a las de las ciencias naturales. La Historia como dsciplina y como cuerpo de conocimientos no necesita que se le agregue el mote “ciencia”. No es una disciplina menos válida, menos importante o con deficiencias metodológicas de ninguna índole por no utilizar los métodos de investigación y validación de las ciencias naturales.


  4. Mariano

    Por otra parte, coincido en que la ciencia se produce a través de dinámicas institucionales como cualquier otro producto cultural. Es verdad que “el producto científico” se ve definido en la medida en la que se permite el acceso a ciertos investigadores a la dsciplina, o a través de los dineros que financian cierto campo de estudio pero no otro. Sin embargo, los postulados, teorías e hipótesis no son un constructo sujeto a interpretación en función del discurso teórico de la dsciplina en cuestión, como si ocurre con la mayoría (si no es que todas) las dsciplinas sociales.


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