septiembre 28, 2012

Wagner, Hitler y Bayreuth

 por José Luis Barros H.

Disfruté muchísimo el artículo de Antonio Saborit acerca de la cuidadosa cancelación que hizo Arturo Toscanini para evitar participar en el Festival de Bayreuth de 1933 en virtud de las medidas con que, desde temprano, el régimen nazi violentó la cultura y la creación artística en Alemania. Empero, presento seis precisiones útiles, a las que agrego una sugerencia.

 

1. El contexto.  En enero de 1933, el presidente Hindenburg es presionado por la dirigencia nacional socialista para que designe  a Adolfo Hitler como canciller. La dimisión de von Schleicher y la negativa de von Papen resultan en que Hitler es nombrado el 30 de ese mes. Al día siguiente el Reichstag es disuelto y se convoca a nuevas elecciones. El 27 de febrero el Reichstag es destruido por un incendio que los nazis imputan a los comunistas. Hitler exige se les proscriba.  En los sufragios del 5 de marzo, los nazis triunfan con menos del 45% de votos. El parlamento confiere poderes a Hitler para expedir leyes por decreto. El 7 de abril se expidió una ley que excluía a los judíos del servicio público, incluyendo  instituciones artísticas como orquestas, casas de ópera, teatros, etcétera.

 

2. Hitler y Wagner. Venturosamente para Hitler, el 13 de Febrero  -o sea, ya canciller- se cumplían 50 años del fallecimiento de Wagner. Hitler era un entusiasta admirador de sus óperas, sus  ideas y su lucha artística (de hecho, se afirma que intituló su famoso libro Mein Kampf en imitación del Mein Lieben, de Wagner). Desde joven, Hitler asistía con regularidad a las óperas de Wagner, las llegó a conocer con profundidad y, ya en la megalomanía de su régimen, serían reverenciadas como la mayor obra de arte –y de arte germano, natürlich– en la historia de la humanidad. Así, el Festival de Bayreuth de 1933 debía ser una conmemoración especial tanto del cincuentenario como de la aurora de una nueva Alemania.

 

3. Wagner, los nazis y la propaganda. El gusto de Hitler por Wagner no era necesariamente compartido por la dirigencia ni la militancia nazi. Los relatos del hastío y aburrimiento mostrados por los oficiales nazis (y más tarde, por trabajadores y empleados,  “invitados”  de Hitler para llenar el teatro y resarcir la taquilla de Bayreuth ante la huida de público extranjero) y sus excesos en la pequeña ciudad son elocuentes. Hitler entabló amistad con la familia Wagner, que se mostró solidaria con él en sus años de persecución. Hitler asistió al festival de Bayreuth en 1923, alojándose en Wahnfired,  la mansión de la familia construida por el propio Wagner,  y un año después su presencia provocaba una tumultuosa manifestación nazi. Goebbels –que confesaba solo sentir cierta emoción por el coro del tercer acto de Die Meistersinger (Los maestros cantores de Nueremberg)- vio el potencial propagandístico de la música wagneriana. Ideó que el 13 de Marzo marcaría el comienzo del Tercer Reich con una sesión del Reichstag culminando con una gala en la ópera de Berlín, justamente presentando Meistersinger.  A partir de esa fecha, fue usual utilizar las óperas de Wagner para animar las manifestaciones y despliegues masivos de los  nazis –en particular Meistersinger.  A partir de entonces, Wagner se volvió “la  personificación más plena del ideal nacional”, “el heraldo del Nacional Socialismo” y otras lindezas; su nombre quedaría asociado a la naturaleza del régimen nazi.

 

4. Bayreuth, el clan Wagner y Hitler.  En su propia megalomanía,  Wagner había dictado la manera exacta como debían representarse sus óperas, en especial la tetralogía de El anillo del nibelungo y Parsifal –las obras emblemáticas de Bayreuth. Cósima Liszt, la viuda de Wagner, se encargó de que así fuese hasta 1906, en que tras varios infartos, legó la conducción del festival a su hijo Siegfried. Éste, para aliviar la preocupación familiar por sus preferencias sexuales,  se casó con Winifred Williams, una huérfana inglesa filogermana, filowagneriana y filonazi. Ambos habían trabado amistad con Hitler años antes y, al parecer, le proveyeron libros, grabaciones y hasta papelería fina mientras estuvo preso por su participación en el fallido golpe de Munich de 1923.  Siegfried era un hombre de talento, capaz de dirigir desde el foso a una orquesta y con la creatividad suficiente para idear la producción de una ópera. En Bayreuth, introdujo reformas que escandalizaron al conservadurismo wagneriano. Por ejemplo, en 1930 invitó a  Toscanini a dirigir  Tristán e Isolde y Tannhäuser –primer extranjero en subir al podio de Bayreuth. El éxito de Toscanini llevó a la claque critico-musical nazi a adivinarle ancestros arios o “por lo menos” nórdicos. En abril de ese año, Cósima murió y a los pocos meses, en agosto, inesperadamente le siguió Siegfried.  La conducción del festival recayó en Winifred, quien debió enfrentar varias crisis  artísticas, familiares y financieras que superó ayudada por su entrañable amistad  con Hitler, para quien mandó construir un pabellón anexo en Wahnfried.

 

5. Furtwängler y Toscanini en Bayreuth.  El otro gran director de esos años por supuesto fue Wilhelm Furtwängler. El primero era la sensación del mundo, el segundo era la sensación de Europa central.  Ambos compartían la noción de que quien ocupaba el podio tenía absoluta autoridad artística sobre todo lo que ocurría en el foso, el escenario y bambalinas.  Ambos eran venerados como dictadores artísticos y ambos eran devotos fervorosos de Wagner. No sin grandes dificultades, Winifred eligió a Furtwängler como director musical del festival en 1931 al tiempo que también invitó a Toscanini. La química entre ambos era terrible –además de la rivalidad artística, Toscanini nunca entendió las razones hondas de la  permanencia de Furtwängler en la Alemania nazi ni el papel que jugó para salvar la vida de numerosos músicos judíos. En su pequeña megalomanía, Winifred quiso reunir a los dos titanes de la dirección orquestal en el simbólico festival de 1933. Pronto Furtwängler cayó en cuenta de que su autoridad estaría sujeta a Heinz Teitjen, hábil gerente, talentoso productor y algo más que un amigo de Winifred, y renunció. A su vez, Toscanini, a instancias de Winifred –y de una oportuna carta de Hitler- aceptó acudir al templo wagneriano en ese año excepcional. Mediante un telegrama se comprometió a dirigir “5 Parsifales y 3 Meistersingers”. Sin embargo,  en marzo de 1933, los nazis impidieron violentamente a Bruno Walter dirigir un concierto de la orquesta del Gewandhaus de Leipzig, de la que era titular, y el  día 20, desde el mismísimo Ministerio de Propaganda, se le forzó a cancelar un concierto en Berlín. Al conocer que a su origen judío ahora se añadía la sospecha de simpatizar con el comunismo, Walter  huyó a Austria y después a Estados Unidos. Toscanini encabezó una nota de repudio que dio la vuelta al mundo. Furtwängler publicó una carta dirigida a Goebbels también protestando. Ominosamente, Richard Strauss tomó el lugar de Walter. Al exilio y la sobrevivencia pronto le siguieron Fritz Busch, Carl Ebert, Erich W. Korngold, Otto Klemperer, Lotte Lehman, Rudolf Serkin, Artur Schnabel,  Arnold Schoenberg, Kurt Weill y centenares de atrilistas, cantantes, actores y genios de la talla de Thomas Mann y Bertolt Brecht. Winifred persuadió a Hitler de pasar por alto la nota de Toscanini y escribirle anticipando el placer de escucharle y conocerle en Bayreuth a lo que el maestro contestó, el 29 de abril,  con una breve nota “esperando” que las circunstancias no fueran a interferir con su vivo deseo de participar en el festival. Finalmente, el 28 de mayo envió una lacónica nota a Bayreuth invocando “los deplorables episodios que han herido mis sentimientos humanos y artísticos” y cancelando en definitiva “por la tranquilidad de mi conciencia, la de ustedes y la de todos”, no sin despedirse “con invariable afecto por la casa de Wagner”. El 7 de agosto, se inauguró el festival, transmitido en directo por radio e incluyendo una densa perorata de Goebbels sobre la “palpitante actualidad” del drama de Meistersinger,  dirigido por Karl Elmendorff. Richard Strauss dirigió las funciones de Parsifal. Winifred, Hitler, Bayreuth y el cincuentenario se quedaron sin Furtwängler y Toscanini.

 

6. ¿Independencia artística de Bayreuth? Curiosamente, la ley de abril que en las artes decía combatir las expresiones “judaizantes, bolcheviques y antigermanas”, fue aplicada con enorme discrecionalidad en Bayreuth. Acaso debido a la amistad entre Hitler y Winifred, a ella se le toleró mantener un director de escena tan vanguardista como Emil Preetorius e incluso siguieron cantando (por un tiempo) solistas judíos como Alexander Kipnis, (Hagen y a Gurnemanz), Emanuel List (Hunding y el rey Marke) y Friedrich Schorr, un Hagen que pese al aborrecimiento personal de Hitler, hasta la crítica musical nazi le consideraba la cúspide interpretativa.  A lo largo del régimen nazi, mientras Goebbels siempre se quejó de la tolerancia hacia Bayreuth, Goering solía maniobrar para irritarlo apoyando las producciones con músicos, escenografía y solistas de Berlín y otras casas de ópera, y Bormann cumplía el encargo de proveer de dinero y público suficientes para cada festival. Winifred, Tietjen y Preetorius se las ingeniaron para aprovechar el margen que les obsequiaba Hitler, llegando incluso a hacer nuevas producciones que escandalizaron al conservadurismo wagneriano. En todo caso,  la triste simbiosis que se dio entre Wagner, Bayreuth, Hitler y el nazismo lleva a no olvidar el justo reproche de Tomás Mann de que “entre los tormentos que sufrimos, estaba la imagen de las artes y la literatura alemanas continuamente sirviendo de escaparate a las monstruosidades más absolutas”.

 José Luis Barros H.

*El año próximo se conmemora el bicentenario del natalicio de Wagner  (y, por cierto, de esos otros dos románticos empedernidos: Verdi y Marx). Ojalá y revistas como Nexos conmemoren adecuadamente a esos tres personajes.

81 comentarios a “Wagner, Hitler y Bayreuth”


  1. RAFAEL HARARI

    CUANTOS TALENTOS QUEDARON SIN OPORTUNIDAD DE FLORECER?
    MUJERES Y HOMBRES DE TODAS LAS EDADES EN TODO EUROPA,TUVIERON
    QUE EMIGRAR Y AL HACERLO DEJAR SU MUNDO PARA EMPEZAR DE NUEVO
    EN OTRO AMBIENTE,Y CON MUY AMARGOS RECUERDOS QUE NUBLARON SUS
    MAS NOBLES SENTIMIENTOS.
    CUANTAS MUJERES Y HOMBRES DE TODAS LAS EDADES MURIERON SIN TENER
    LA OPORTUNIDAD DE MANIFESTAR SU VIRTUD.
    HITLER?STALIN?COMO ES POSIBLE QUE LOS HAYAN ACEPTADO COMO LIDERES?QUE GRAN PENA.QUE ASCO.

    EMIG


  2. Alondra de la Parra
    Twitter: alondradlp

    Maravilloso artículo! Gracias por publicar un escrito dedicado a la música clásica y a un momento tan particular en la historia de la humanidad. Muy interesante leer estos detalles y descripciones tan detalladas y cuidadosas. El impacto que Wagner tuvo, ha tenido y sigue teniendo en la humanidad es inmesurable y mucho mayor a lo que podemos comprender. El significado de su fuerza como artista, como líder de opinión y como personalidad seguirá siendo relevante a travéz de los siglos y ,como su música, siempre tendrá capas y más capas de mensajes, significados y contradicciones sublimes. Gracias! Celebremos el año Wagner en el 2013!


  3. hector aguilar camin

    Dice William Shirer en su clásica crónica de l ascenso y la caída del Tercer Reich que Wagner fue, aparte del músico expropiado por Hitler y el nazismo, uno de los grande surtidores populares de la imaginería originaria. Una forma del regreso al origen inventado y mitificado que está en el núcleo de todo integrismo cultural, político, religioso.


  4. Martha Del Rio
    Twitter: Mdriog

    Excelente artículo, muy bien escrito y denota el amplio conocimento del tema del autor. Ojalá escribiera un libro sobre esto pues es un tema interesantísimo. Felicidades


    • eduardo amerena

      Erudición y análisis extraordinarios que motivan a reflexionar sobre una vertiente atroz del autoritarismo criminal (aunque parezca redundancia) que no debe olvidarse si se quiere evitar su recurrencia como sistema político,o incluso como apariciones incipientes de las que por desgracia México no ha estado exento.Qué bien que Nexos siga publicando ensayos de tal altura sobre temas artísiticos y culturales fundamentales y que Barros nos comparta algún fruto de su reflexión sobre Verdi u otro gran compositor.


  5. Panama

    La muestra, dividida en dos partes, aborda la discriminación sufrida por los músicos judíos durante el régimen nazi a partir de 44 casos de conocidos compositores, directores y solistas proscritos durante el nazismo.


  6. Parvati

    Agradezco al señor Barros sus precisiones, van más allá de un relato encantador.Se permea su conocimiento de la Historia,y nos invita a querer profundizar en la música.
    Al aproximarse el bicentenario de genios como Wagner y Verdi, tenemos hoy la posibilidad en México de asistir a las nuevas producciones de The Metropolitan Opera de Nueva York que se trasmitirán en el Auditorio Nacional:La nueva puesta en escena de “Parsifal” de Wagner; y “Rigoletto” y “Un Ballo in Maschera” de Verdi.
    Nos encantará que nos ilustre.


  7. silver account

    Sus hijos, Wolfgang y Wieland, se encargaron de reflotar el festival fundado por su abuelo en 1896 y en las décadas posteriores restauraron su imagen, pero año a año resurge el tema por algún motivo. ‘El holandés errante’ es el único estreno de la presente temporada, a la espera de que en la próxima se dé un nuevo empuje al festival por coincidir con el 300 aniversario del nacimiento del compositor. Justo este domingo se abre al público una exposición, organizada por la Casa Wagner de Bayreuth -residencia de Hitler en sus visitas a la ciudad-, titulada ‘Voces silenciadas. La expulsión de los judíos de la ópera entre 1933 y 1945‘. La muestra, dividida en dos partes, aborda la discriminación sufrida por los músicos judíos durante el régimen nazi a partir de 44 casos de conocidos compositores, directores y solistas proscritos durante el nazismo. Uno de los apartados, titulado ‘Los festivales de Bayreuth y los judíos entre 1876 y 1945′ analiza partiendo de cuatro fechas concretas -1889, 1912, 1924 y 1933- la evolución del festival hasta convertirse en brazo “operístico” de la propaganda nazi.


  8. S.R. Viesca

    Algo para disfrutar, no solo para los amantes de la música, la lectura del amplio, ameno y bien documentado articulo titulado Wagner, Hitler y Ba