junio 12, 2012

Cuatro pedradas. El entendimiento lejos del corazón

Se mira así mismo muy feo, recorre en la memoria sus contornos que provocan  risa y burla, su cuerpo desproporcionado, las extremidades laterales  chicas en relación al tórax o al resto de él y si eso no fuera suficiente piensa y repiensa los rastros de esas cuatro pedradas que, no sabe quién,  ni cuando, ni porqué se las propinó. Con frecuencia y con  mucho detenimiento observa a sus primos hermanos que le parecen en apariencia buenos mozos, con alegorías que él no tiene, con proporciones en conjunto coherentes y con clase.

Pese a eso, se revalora todos los días; siempre está cerca de las entendederas que lo dejan cerca de un diálogo de siempre con su “su compa de toda la vida”-porqué no abandonas el rumbo de tu vida que no tiene un horizonte distinto, solo es la inmediatez, la bohemia, tu cercanía con la Leticia solo en el jolgorio, en el baile, en la pisteada, ya bájale dos rayitas a esa vida licenciosa y agradable- la respuesta es nada más que una mirada hacia arriba y no precisamente al cielo, una mirada de fastidio, a veces una lacónica respuesta-qué enfadoso te estás volviendo-.

Muy cerca de la razón pero muy lejos del corazón, le brotan dudas existenciales: le gusta también la fiesta y todo lo relacionado a ella, aunque lejos del corazón, siente  retumbar el impacto de los tacones tipo cubano, el cadencioso y violento taconeo y no necesariamente de flamenco, se enchina el cuero cuando la piel de las manos y el talle de la Leticia se aproximan en ese baile frenético y dulce al son de una arpa, un bajo sexto y una jarana. El clímax cuando con la bamba se  teje un nudo ciego con los pies de cenicienta de la Leticia y los propios, es casi un orgasmo: no envidia a ninguno de los primos, seguramente no sienten nunca felicidad parecida.

La Leticia es pareja de muchos años, el cariño es verdadero y espiritual, no hay lugar para traiciones ni perversiones, hay comunión artística, hay sentires comunes por la belleza, por los aplausos, por las precariedades, por la música, pero esto no lo entiende nadie. Solo el amigo lo entiende y lo siente y ya no le recrimina el cambio de rumbo de su vida. Llora con él, lo consuela, y le augura todas las noches de sus vidas iguales y distintas, le promete siempre ser su “compa” para el resto de su vida, sin separarse de él solo el tiempo necesario para dormir.

Al amanecer ambos regresan al mundo real, el mundo de pobreza, de violencia, de descomposición social, un carnaval de desorden, de reclamos, de niños desvalidos , sobre todo los de su compa; y de nuevo sus primos haciendo gala de  los ornatos, unos con alacranes tatuados, los de Durango, los muy grandes con adornos plateados, los de jipi, los de panamá, los del norte, los de cincomilx, los de un cinto dorado, pero lo que más le duele es la duda de su compa que es también su duda –podremos ser felices sin la bruja o la equivocación o la bodega o el querreque-aunque lejos de él le responde con el corazón- si, esa es la felicidad pero con una carga de egoísmo y de sacrificio de otros a quien queremos, no podemos armonizar lo que queremos con lo que debemos.

Ante un escenario de miseria, de abandono, de despecho con la vida, de reclamos,  de sollozos infantiles, de amor fraterno, de un horizonte claro y largo para todos excepto para él. Siente y capta la razón en la cabeza de su compa, su vida se acaba, se quedará en el olvido todo lo bueno que trae la música, el baile el arte, los aplausos, la bohemia y todo lo demás.

Mira la desesperación y la comparten ambos, la ira, la tristeza, el llanto, el desprecio a la pobreza, el coraje por ese mundo real que no deja lugar para compatibilizar lo que se quiere y lo que se debe. Con el mayor volumen de esos sentimientos encontrados y excluyente surge la violencia necesaria para estrujar el sombrero de paja vil, feo, de risa pero que sin él no puede haber un baile al son jarocho. Colgado en un clavo en la pared ya no es el mismo, solo es un sombrero de paja de cuatro pedradas.

Juan Oscar Cepeda Gutiérrez


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56 comentarios a “Cuatro pedradas. El entendimiento lejos del corazón”


  1. JC

    “strong” esas cuatro pedradas, es sin duda un buen pretexto para reflexionar sobre lo cotidino que vivimos todos los que en algun momento nos sentamos a hacer un valance de nuestras vivencias en “el jolgorio, la pistiada”, y todo lo que hace que pasen los años inmersos en nuestra inercia de vida, cuando uno se da cuenta han pasado los años sin percibirlo. Me gusto, la narración de esta historia, de alguna manera refleja o que muchos hemos vivido.

    Muy bueno Cepeda