abril 30, 2012

Y el Pulitzer es para… nadie

La semana pasada nos recibió con la noticia de que en los premios Pulitzer de 2012 se declaró desierto el premio de mejor libro de ficción. Un grupo de tres jueces leyó cientos de novelas para finalmente  decantar una lista con tres finalistas. Pero el comité  no pudo ponerse de acuerdo cuál de las tres novelas merecía el premio. ¿El desierto fue producto del desacuerdo del comité o acaso ocurrió que ninguna de las novelas era muy buena?. El público y los críticos parecen estar de acuerdo en que el problema fue lo primero. Ahora muchos dicen que Pulitzer evadió su responsabilidad. Seguramente el comité del Man Booker Prize estará celebrando por el prestigio extra que, por ausencia de rival, le ha caído de sopetón.

Uno de las novelas finalistas era Train Dreams de Denis Johnson, una historia cuyo protagonista es un trabajador en el viejo oeste. La segunda fue Swamplandia! de Alfred A. Knopf. Una historia sobre las aventuras de una familia que lucha con cocodrilos en un parque de diversiones, todo narrado por una niña de 13 años. Este libro lleva 200 mil copias vendidas. La última finalista fue la novela póstuma del celebrado autor David Foster Wallace  “The Pale King”, una narración sobre el aburrimiento y la burocracia en el ambiente laboral estadunidense. La viuda del autor encontró en la computadora después del suicidio de su marido y la tuvieron que terminar los editores. Las existencia de candidatos y la ausencia de ganador (algo que no ocurría desde 1977) generó muchas protestas entre autores, lectores y casas editoriales. Una nota en El País reportó cómo una de las tres jueces que eligieron finalistas (Susan Larson) también hizo público su descontento en NPR:

Larson dijo en una entrevista en NPR el martes que los tres estaban “atónitos, enfadados y muy decepcionados” por la decisión última del tribunal. “Fue un trabajo muy intenso”, añadió. Cunningham dijo posteriormente que consideraba que había algo “que no está bien en un sistema en el que se presentan tres libros de notable calidad y no se falla un premio”. “Creo que se lo deberían hacer mirar”, añadió. (1)

La casa editorial Doubleday lamentó el hecho y propuso que el premio lo dieran los tuiteros con el hashtag #TwitterPulitzer. Dada la molestia de los tuiteros, reportó El País,

Por apagar algo del fuego, Sis Gissler, el administrador de los premios, afiliados a la Universidad de Columbia, trató de apartar la idea de que el jurado estuviera enviando ningún mensaje con su decisión. “Cuando deciden algo, no lo hacen como una evaluación de la ficción en general”, dijo al New York Times. “Sólo refleja que ninguno de los libros pudo lograr un voto por mayoría”. (2)

Por su parte Harold Augenbraum, el director ejecutivo de la Fundación Nacional del Libro explicó por su parte que

“El comité del Pulitzer tiene que votar en mayoría, entonces si tienes 18 miembros, si tienes 7,7 y4, eso significa que no va a haber premio ese año. Eso no quiere decir que ninguno de los libros se lo merecía”.

Será que fue culpa del algoritmo, pero eso de tener finalistas y luego no tener ganador es como perder el concurso del rey feo por feo. Es tan frustrante como que sólo en plena oscuridad se te conceda el poder de la invisibilidad. Ahora, como acto de protesta, habrá que comprar las tres.

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