febrero 17, 2012

Telepatía crítica. Respuesta de Luis Bugarini a Valeria Luiselli

Escrito por Luis Bugarini

 

Valeria Luiselli ha escrito en nexos (febrero 2012) un artículo titulado “Novedad de la narrativa mexicana II: Contra las tentaciones de la nueva crítica“. El lector y crítico Luis Bugarini le ha hecho un comentario controversial y cuidadoso a ese texto, aquí lo reproducimos:

Valeria, repasé con atención tu texto referente a la construcción de una crítica y te escribo algunas líneas al vuelo, entre aviones. Según entendí, hace falta una crítica literaria joven capaz de valorar con “perspectiva”, a cierta narrativa que hoy se escribe lejos de las exigencias del mercado y lo trendy (hoy el narco, la frontera, el norte; mañana las pecas de la mosca). Leí con atención la nota porque sentí algún entusiasmo con ese llamado, aun cuando está rociado de ironía, a “repasar y conversar con la historia de la literatura y de la crítica literaria”. Coincido en el bostezo generalizado que provoca la mesa de novedades. ¿Cuál será la historia del sicario que alguien tendrá a bien relatarnos? ¿Con cuánta sangre terminaremos manchados en la camisa después de la lectura? En fin. La visión actual editorial y de mercado.

Después de señalar este entusiasmo, detallo algunas diferencias. Nadie ignora que las generaciones, por norma general y al parecer en un pacto mudo, nacen con cierta consigna fundadora. Flota la idea de que hay opción de reiniciar el cosmos y patear el que ya existe. Sacuden el pesebre, agitan los brazos: imaginan que su tentativa está marcada por un signo irremplazable. Este inicio concluye, de manera lógica, en la integración al sistema de administración cultural que distribuye los beneficios. Ya se ha visto mucho. Los nombres de autores a los que refieres (es prematuro articularlos: publicar uno o dos libros no integra una generación, apenas la sugiere) comienzan a tener acceso a las editoriales. Ya es posible leerlos. Sin embargo –y es aquí donde difiero-, es claro que los libros que han publicado dichos autores están al alcance del sistema crítico que existe, esto es, no han entregado un texto que ponga a prueba el aparato de la crítica literaria en México. Ignoro si lo harán, pero no ha sucedido. No se ha producido un Finnegans Wake, La muerte de Virgilio o incluso otro Farabeuf, esto es, un texto complejo en referencias y alcances que requiera erudición lo mismo que sensibilidad para ser evaluado en su justa posición, dentro de una tradición literaria.

Puedo entender el llamado: ¿cómo nos van a evaluar si no estamos, ni estaremos, en el primer círculo de los temas in? Si lo nuestro es la narrativa intimista, de corte minimal. O el cosmopolitismo. O lo que sea. Pero este llamado, hay que decirlo, parte de una premisa arrogante: vamos a escribir tales libros que se requiere que los críticos que existan sean clase premium. Que estén a la altura. ¿Ok? Pero la crítica es una respuesta a las obras. Para el caso de la “generación” a la que refieres esperemos, primero, que se produzcan. Ahora, si la arenga se genera no por la ausencia de una crítica literaria joven “con ideas”, como señalas, sino por la eventual distribución de espacio en los medios de comunicación a tal o cual modo de hacer literatura, entonces el llamado tiene un planteamiento equívoco.

Por otra parte, la simplificación que dibujas de la figura del crítico me parece ingenua. Es cierto que el acceso libre a la red genera demasiados espacios. No obstante, la circulación de ideas resulta imprescindible. Y no me identifico, como señalas con otra ironía mal puesta, con la figura del reseñista que se “crió” en un blog -aunque esto de ningún modo me parece denigrante. El pedigree de un crítico, si es que es posible imaginar que tal cosa existe, radica en su calidad de Lector. Recalcitrante y elíptico: su pasión por la lectura debe ser febril y hasta enfermiza. Regresar al texto una y otra vez. Sobra decir que el crítico tampoco está obligado a predecir o siquiera a adivinar la intención del autor. No es prestidigitador ni malabarista. Al entregar el original a la imprenta, el autor se separa de la obra y la entrega al tiempo. La constelación de interpretaciones o lecturas están lejos de su alcance y en nada, si la obra tiene algún valor, debe importarle el juicio de quien hace una evaluación a quemarropa.

Por lo que hace a la tradición, parece indebatible que el escritor es un producto social, secuencia de gustos y preferencias de su tiempo. Imposible leerlo fuera de una perspectiva histórica –hace uso de una lengua, fruto colectivo por excelencia-, y puede ser abordado desde una línea identitaria, así sea si su patria son sus lecturas, sus hijos o una bola de estambre. Ni aún los autores más desorbitados o los textos anónimos se abordan desde una perspectiva “nadista”, atemporal, inmaterial. La obra literaria, como producto estético de un tiempo, tiene sustancia histórica y por tanto puede ser evaluada desde coordenadas definidas. Ayudaría, en lugar de llorar, el obsequio de una preceptiva sintética, así sea sugerida tras líneas tenues. Algo que ilustre las “miras más amplias” a las que invocas, mismas que no encuentro en tus reseñas y que, de la lectura de tu texto, pareces dar por aparecidas.

 

Luis Bugarini

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