febrero 2, 2012

Cinco poemas de Wislawa Szymborska comentados por Czeslaw Milosz

Escrito por la redacción

Se nos ha enseñado que sólo el hombre tiene un alma inmortal. Si hoy hablamos de modo diferente sobre una línea que nos separa del resto de los seres vivos, ¿esto quiere decir que tal línea, para nosotros, no existe? Sentimos que existe y, para usar una expresión anticuada, eso se debe a la conciencia y el libre albedrío de los seres humanos. En otras palabras, sólo nosotros experimentamos la culpa, entre la inocencia universal de la naturaleza. Y este es el tema del poema de Wislawa Szymborska.

Elogio de la mala conciencia de uno mismo

El buitre no tiene nada que reprocharse.

Los escrúpulos le son ajenos a la pantera negra.

No dudan de lo apropiado de sus actos las pirañas.

El crótalo se acepta sin complejos a sí mismo.

 

No existe un chacal autocrítico.

El tábano, la langosta, la tenia y el caimán

viven como viven y así están satisfechos.

 

De cien kilos es el corazón de la orca,

pero no le pesa.

 

Nada más animal

que una conciencia limpia

en el tercer planeta del Sol.

(Traducción de Abel a. Murcia Soriano)

De un tema similar trata este otro poema: el tormento a  uno mismo que nos aqueja en la madrugada.

Las cuatro de la madrugada

Hora de la noche al día.

Hora de un costado al otro.

Hora para treintañeros.

 

Hora acicalada para el canto del gallo.

Hora en que la tierra niega nuestros nombres.

Hora en que el viento sopla desde los astros extintos.

Hora de y-si-detrás-de-nosotros-no-quedara-nada.

 

Hora vacía.

Sorda, estéril.

Fondo de todas las horas.

 

Nadie se siente bien a las cuatro de la madrugada.

Si las hormigas se sienten bien a las cuatro de la madrugada,

habrá que felicitarlas. Y que lleguen las cinco,

si es que tenemos que seguir viviendo.

(Traducción de Gerardo Beltrán)

La poesía de Szymborska tiene una fuerte influencia de la ciencia moderna. Ella asume que la línea divisoria entre nosotros y el resto de la naturaleza es tenue. Por otra parte, ella sabe que nuestros hábitos inveterados nos predisponen a ver a los animales e insectos con un sentimiento de que tenemos un privilegio especial. De ahí su irónico poema.

Visto desde arriba

Sobre un sendero yace un escarabajo muerto.

Ha doblado con cuidado sus tres pares de patitas sobre el vientre.

En lugar del caos de la muerte –orden y esmero.

El horror de esta imagen es moderado,

el alcance estrictamente local, entre la grama y la menta.

La tristeza no contamina.

El cielo es azul.

 

Para nuestra tranquilidad su muerte es más superficial,

los animales no fallecen, simplemente, se mueren

perdiendo –queremos creerlo—menos sentimiento y menos mundo,

al abandonar –pensamos—un escenario menos trágico.

Sus ánimas sumisas no nos asustan de noche,

respetan la distancia, saben qué es el rigor.

 

Y aquí está sobre el sendero el escarabajo muerto,

en un estado no lamentable brilla el sol.

Da lo mismo pensar en él o mirarle:

no parece que le haya pasado nada importante.

Lo importante, dicen, sólo está unido a nosotros.

Sólo a nuestra vida, sólo a nuestra muerte,

la muerte que se regocija de su forzada primacía.

(Traducción de Elzbieta Bortkiewicz)

La poesía en el siglo veinte se ha ido moviendo, por lo menos en una de sus ramas, hacia el ensayo filosófico, y a esto lo ha acompañado el que se hayan hecho borrosas las fronteras entre los géneros literarios. Si la abstracción es peligrosa para la poesía, esta tendencia sin embargo contribuye a su capacidad para hacerse algunas preguntas básicas sobre la estructura del universo. Un poema de Wislawa Szymborska opone lo humano (es decir, el lenguaje) al mundo inanimado y muestra que nuestro entendimiento de él es ilusorio. En lo personal, creo que ella es demasiado científica y que no estamos tan separados de las cosas.

Paisaje con un grano de arena

 

Lo llamamos grano de arena.

Pero él no se llama a sí mismo ni grano ni arena.

Prescinde de nombre

común, individual,

fugaz, duradero,

erróneo o adecuado.

 

Indiferente a nuestra mirada, al tacto.

No se siente ni visto ni tocado.

Y si cae en el alféizar de la ventana

la vivencia es nuestra, no suya.

A él tanto le da donde caer

sin la certeza de estar cayendo

o de haber caído ya.

 

Desde la ventana hay una bella vista sobre el lago,

pero esta vista no es capaz de verse a sí misma.

Incolora, informe,

inaudible, inodora

e indolora vive en este mundo.

 

El fondo del lago nunca toca el fondo,

sus orillas no tienen orillas.

Sus aguas no se mojan ni tampoco se secan.

Las olas no se sienten singulares ni plurales.

 

Susurran sordas a su susurro

entre piedras ni pequeñas ni grandes.

Y todo sucede bajo un cielo de por sí inceleste,

donde el sol se pone sin ponerse nunca

y sin ocultarse se oculta tras una nube inconsciente,

que el viento alborota por el mero impulso

de soplar.

 

Transcurre un segundo.

Otro segundo.

Un tercer segundo.

Pero son sólo nuestros tres segundos.

 

El tiempo ha volado cual mensajero con una noticia urgente.

Pero sólo es un símil por nosotros elaborado.

Personaje inventado, atribuida la prisa,

inhumana la noticia.

Escribir es una vocación pero muchos escritores lo experimentan como una maldición y una carga. En cierto modo, se sienten como le sirvieran de instrumentos a una fuerza ajena a ellos. Pero el acto de escribir, ya sea una bendición o una maldición, también puede tratarse con humor por parte de sus practicantes, y en los divertidos versos que siguen la palabra “poemas” al final de las líneas sirve para resaltar lo raro de esa ocupación.

En elogio de mi hermana

Mi hermana no escribe poemas

y es improbable que de pronto se ponga a escribir poemas.

Le viene de mi madre, que no escribió poemas,

y de su padre, que tampoco escribió poemas.

Me siento a salvo bajo el techo de mi hermana:

nada pondrá al esposo de mi hermana a escribir poemas.

Y aunque la cosa suena a poema de Adam Macedonski,

a ninguno de mis parientes le da por escribir poemas.

 

En el escritorio de mi hermana no hay poemas viejos

ni poemas nuevos en su bolsa.

Y cuando mi hermana me invita a comer,

sé que no es con la intención de leerme poemas.

Cocina sopas soberbias con facilidad,

y su café no se derrama sobre manuscritos.

 

En muchas familias nadie escribe poemas,

pero cuando no es así, rara vez es uno solo.

A veces la poesía fluye en cascadas de generaciones,

lo cual instala temibles remolinos en las relaciones familiares.

 

Mi hermana cultiva una decente prosa hablada,

toda su producción literaria está en tarjetas postales

que prometen la mismo cada año:

que cuando vuelva,

nos va a contar todo,

todo,

todo.

(Traducción: Blog de la Redacción)

 

Fuentes: Cszeslaw Milosz: A Book of Luminous Things. Harcourt, Brace & Company. Nueva York, 1996.//Wislawa Szymborska: El gran número. Fin y principio y otros poemas. Edición al cuidado de Maria Filipowicz-Rudek y Juan carlos Vidal. Hiperión, Madrid, 1997.

 


Si te gustó esto te recomendamos...

210 comentarios a “Cinco poemas de Wislawa Szymborska comentados por Czeslaw Milosz”


  1. Claudio Cruz Núñez

    Saludos.

    Me gusta esta muestra poética. Nunca había leído su trabajo.

    Excelente


  2. Francesco Sinibaldi

    In the flower.

    In this way,
    and with a
    delicate song,
    there’s a flower
    where a fine
    day appears
    in the novel
    seaside.

    Francesco Sinibaldi


  3. aseret

    Gracias por compartir estos hermosos poemas de Wislawa Szymborska. Un gran descubrimiento para mi.


  4. Francisco Aguilera

    Solo recien he leido algunos poema de Wislawa Szymborska. Hay algo extraordinario en su poesia. Pienso que el mundo -el pequeño mundo de los que leen poesia- seguira “descubriendo” a esta gran pensadora y poeta.


  5. CarlosMaxZavala

    Excelsa su poesía, fina, con humor y aguda a la vez, muchas gracias por ayudarme a descubrir a esta genial autora.


  6. Rodrigo Jiménez Núñez

    Un gran amigo mío me recomendó la lectura de éstos cinco pemas de Wislawa y lo considero un regalo. La sutíl personificación del entorno que ella le da es notable. :)


  7. liliana costa staksrud

    Me encanta Wislawa Szymborska y los poemas elegidos me gustaron mucho, como los comentarios de Milosz y el excelente blog de nexos. Un hallazgo.


  8. Ana Elena Sastrías

    Me identifico muchísimo con el estilo de su poesía. Mi poesía es filosófica. No adornamos, decimos lo que sentimos, la verdad. Felicidades a la Poeta Wislawa Szymborska.