enero 10, 2012

Clases medias en sus espacios privados

Escrito por Mario Arriagada Cuadriello

Estábamos de vacaciones en la playa. Ella sacó un catálogo de fotos con los finalistas del premio 2011 de la Galería Nacional de Retratos. Circulábamos las páginas mientras debatíamos acaloradamente lo que veíamos y lo que no veíamos en cada uno de ellos. Me detuve en una foto que mostraba a una mujer trabajando en su casa  “¿Qué opinas de tu prima Daisy?” pregunté. Me arrebató el catálogo mientras refunfuñaba “¿por qué dices que ella es mi prima Daisy?”. Miré la foto de Daisy Garnett – una periodista de comida y estilo de vida del diario The Guardian- tomada por el fotógrafo Simon Brown. “Pues porque su casa se parece a la de tus papás, porque es el mismo sector sociodemográfico de ingreso-gasto pues”. Ella hizo una pausa tensa, como si considerara minuciosamente si el comentario era ofensivo o no. “Pues sí exacto” dijo “el retrato es odioso porque es taaan clase media-liberal”. “Claro, algo hay de amor-odio en ver retratado el lugar del que uno viene, pero además mírala taaan comoda y perfecta con su mesa antigüa y su mac, taaan viajada y cosmopolita y mírala taaan sonriente viendo de frente, pero sin dejar ver nada de ella que sea de interés, ninguna foto así, con sonrisa y vista a la cámara ha ganado en esta competencia” – remató- “y ve a la bebé en el piso, muy libre comiéndose el papel, seguro que esa es la razón por la que el retrato quedó como finalista, porque es una madre trabajadora funcional y feliz”, espetó.

“Pues que distintas cosas vemos”, dije “yo veo un retrato de un grupo étnico particular. Me entretiene que tenga su parafernalia asiática y su combinación de lo viejo y lo nuevo, su lujo comibinado con una cierta austeridad y la actitud de placentería, una clase media de un tiempo  y un lugar en particular” . Ella apuntó el índice a la página y dijo “Pues sí, pero eso no es un retrato de la persona sino de una clase, y un retrato no muy fidedigno, sino uno que esa clase quiere mostrar con sus objetos y sus disposiciones”. No me quedó más que asentir a sus palabras. Pasó otro segundo silencioso, éste más bien relajado y de reflexión.

“¿Quién pintó a las clases medias en Amsterdam?”, pregunté. “Johannes Vermeer”, respondió. Recordamos sus escenas y las de Pieter de Hooch, de esas primeras clases medias urbanas tan dedicadas a transmitir sus proyectos de si mismas; donde las mujeres (quizá por orden de sus maridos) se retrataban escribiendo, leyendo, tocando música, pintando, casi casuales pero posando en espacios domésticos, cerrados, rodeadas de objetos que daban realce a la familia y celebraban las artes liberales -mapas del mundo, balanzas, pinturas, compases, modas, textiles y pericos, sus adornos exóticos de ultramar.

Al día siguiente entré a mi facebook y oh sorpresa. Al ver mis fotos me encontré con una de ellas donde aparezco en mi cuarto, escribiendo en mi laptop, rodeado de posesiones selectas, esas con las que me gusta transmitirme al mundo -mi mundo- mis amigos de facebook, carajo. Y no soy el peor de todos. Me queda el irrelevante alivio que hay quien posa aún más… el supuesto retrato de la persona no es el de la persona, es de la persona que alguien quiere transmitir, sólo en los mejores casos se dejan ver los objetos y ambientes que seriamente los mueven y los representan íntimamente.

¿Por qué será que se exhiben con sus objetos alrededor- mudos testigos de un proyecto de vida, de gusto, de auto imagen? No es que necesiten proyectar algo que no son, de hecho los retratos no son necesariemente aspiracionales, los sujetos también son lo que muestran, no tienen nada que demostrar. Quizá es sólo el hecho de que hay ciertas maneras de practicar la discreción que se celebran en ciertos círculos más que en otros. Quizá el pudor y la discreción de la clases medias urbanas y educadas no está en no mostrarse en público sino en hacerlo sin excesos, sin excentricidades, sacrificando un poco la realidad complicada que todos sostenemos en privado. Quizá es por la idea de que creerlo es confirmarlo, que si nos parecemos a nosotros mismos tranquilos, establecidos, satisfechos, excitantes y felices estaremos tranquilos,  establecidos, satisfechos, excitantes y felices. Estaríamos en control. El sueño de que la fortuna y el contexto no tiene nada que ver.

Cerré mi laptop y me aventé a nadar. A dominar el mar azul. Las olas eran pequeñísimas, el reto poco, el riesgo nulo. Aún así me zambullí con energía sobreactuada. Nadie me volteó a ver, nadie me vio posando en el paraíso. La única felicitación que obtuve fue la que me di a mí mismo, pero no me la creí.

 @marriagad


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7 comentarios a “Clases medias en sus espacios privados”


  1. Alejandro Silva

    Dice mi ex jefa Roberta Garza (ex directora de MSemanal) que sólo los residentes del norte de México no tenemos una relación esquizofrénica con el dinero, ergo el status de clasemedieros.
    Coincido con ella y tu texto es difrutable, pero que le voy a hacer soy un barbaro del norte (http://impreso.milenio.com/node/9078380)