diciembre 1, 2011

El mirrreynato

Escrito por Antonio Marvel

No recuerdo la primera vez que vi a un mirrrey; sin embargo, creo que no me equivoco si digo que fue en la ciudad de Puebla, sin agraviar a la ciudad que me vio nacer también debo decir que creo que ahí nacieron los mirrreyes. Una exportación atípica de la periferia al centro. También se dice que la genealogía es típica libanesa, un amigo de la comunidad me dice “todos mis primos son mirrreyes”… quizá fueron los libaneses de puebla, ok, no.

De manera recurrente me pregunto cómo, por qué y para qué existen los mirrreyes, al encontrar pocas respuestas  he decidido crear una especie de mitología del mirrrey en donde Luismi, a modo de Zeus, da vida a todo lo que por sus gafas solares pasa. Esta historia comienza a germinar en los niños por ahí del año 1990 cuando, la sociedad cansada de los fresas de los setenta y los yuppies se ve iluminada por los dientes y el bronceado de Luismi, los niños supieron que era su hombre a seguir, su pastor. No sin decir que su contemporáneo Palazuelos hacía el mismo ridículo y ambos se habían reinventado a Mauricio Garcés o Andrés García.

Pasaron los años y esos niños crecieron, los hijos de Luismi han recreado los días gloriosos del pelo crespo, el bronceado perfecto, la ropa ajustada y hasta la tanga blanca. Un estado de playa constante. Atenea, convertida en Lobuki, es una sabia guerrera que sabe cómo controlar a los descarriados mirrreyes para que las consientan, les compren regaluquis, las lleven al antrirri y así. Su lucha es épica: fingir aguantar el machismo del mirrrey para controlarlos con su sexo, sabias lobukis.

Mientras me tomo unas cubirris, reflexiono sobre el papel del mirrrey en la tierra y descubro que yo, en tanto ñoño y fresa de escuela católica, siempre pareceré ardilla con mi sesgada opinión.  Me deshago de mis prejuicios y concluyo que la misión de los mirrreyes es hacernos la vida un poco más feliz: siempre de fiesta, gastando lo que no tienen (la delicia de los banqueros), con su vibra homoerótica por doquier, con su sonrisa perfecta y el pelo -¡Dios! Ese pelo-.

Presumir es su cometido, no importa que la mansión esté en obra negra o deban el Be Eme, los mirrreyes han echado raíces como tribu urbana y cada vez les imitan más. ¿Dejar de comer en la semana para pagar el “Champú” en el antro? ¡Sí! ¿Ir a trabajar en vivo toda la semana por la fiesta y las lobukis? ¡Por qué no! Es más, ¿Trabajar? Quién lo necesita si ya me voy a Acapulquirri.

Al calor del “Champú” y platicando con mis papaloys, reflexiono si estos mirrreyes han invadido esferas distintas a las de los antros. Temo descubrir que sí, que poco a poco la esfera política está siendo invadida por estos sujetos,  los hijos de gobernadores (Tlaxcala o Tabasco), diputados (Kahwagi), Candidatos (Peña Nieto) y funcionarios del gobierno federal  (Jordy Herrera y la bola de asesores de cada secretaría). Todos invadidos con este virus del mirrrey: banales, presumidos, sonrientes, con sus mejores lobukis al lado, sin que se les mueva un pelo, ahogados en la textura  -que parezca aunque no sea-.

El mirrreynismo como síntoma de la realidad que nos ahoga y que unos cuantos sortean con el bronceado, el Be Eme, la playa, la lobuki de moda. Mientras otros los imitan en el pedregal, en las lomas, en la torre esmeralda. Otros adoptan este reinventado estilo como norma social en Puebla, en Monterrey, en Veracruz. El país de los mirrreyes que escogerán como forma de gobierno, el mirrreynato.

Imaginemos a la deidad (inventada) Luismi como testigo del mirreinato. Imaginemos un escenario donde la primera mirrreynatura es ocupada por Peña Nieto, la Secretaria de Mirrreyducación por Jorge Kahwagi y la Secretaria de Goberrreynación por Emilio González ¿Qué esperar de este escenario? De entrada me la imagino como una pesadilla, con la cara de crudito de mi Kahwagi quizá solo atienda la secretaría a cambio de unos clamatirris, el niño verde quizá no resuelva conflictos políticos a menos que haya un terreno de por medio y el MiPrrreysidente Enrique Peña estará atendiendo su imagen y el curso de su novela con la primera lobuki, La Gaviotirri. Esto nos coloca en el peor de las pesadillas: un gobierno irresponsable y manejado por todos menos por los mirreyes que lo presumen como propio, mientras muchos ciudadanos, relumbrados con el brillo del mirrreynato estarán más pendientes de imitarlo que de cuestionarlo.

Me resisto a creer en el mirrreynato y sin embargo cuando camino por las calles de la Condesa y la Nápoles, cuando voy al invivible Santa Fe descubro que cada vez hay más mirrreyes; como zombies, se contagian,  se imitan, se reproducen; desde la televisión lejos de parecer una parodia parece un modelo a seguir en los programas “de revista”, novelas o “reality shows”. La camisa desabotonada, el rosario y el pectoral –estúpidos y sensuales pectorales-.

Me voy con mis papawhs, a modo de lobukis, pero antes de emprender nuestro viaje a Vegas, me quedo pensando si nos merecíamos el país del mirrreynato, del presumir, del estrés social que genera no tener lo que la tv dice que tengamos; si la política invadida por los clones de Luismi podrá conducir el yate a buen puerto.

@antoniomarvel


*Se agradece al mirrreybook y al myrrreynato por inspirar la reflexión y difundir la estética y el lenguaje del mirrrey, especialmenete por algunas de las imagenes que aquí se reproducen. Grandes y animadas contribuciones que son bien apreciadas.


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77 comentarios a “El mirrreynato”


  1. Esther Sánchez

    Lo único que no entiendo es porque al declarar a una persona mirrey se le declara de facto un idiota. No entiendo de verdad, pueden ser atractivos, bien vestidos, oler a limpio y ser personas productivas. No entiendo la razón por la cual una cosa exime de otra. Y lo dice igual una persona promedio en todos los sentidos, más ñoña que bonita.
    Pero no entiendo, de verdad, se me hace discriminación inversa. Sólo díganme donde esta la contradicción. ¿Por qué tan poca tolerancia y respeto?


  2. Joaquin

    El ser “mirrey” como se estipula por una condición adjudicada a la mente colectiva es una pena… pero el querer estar siempre bien presentable y lucir impecable por iniciativa propia; dista muuucho del concepto de mirrey que se presenta aquí.
    Ser pulcro e impecable no es sinónimo de “mirreynato”.


  3. Carlos
    Twitter: CarlosEmilioC

    Buen articulo, lastima que el autor tuvo que meter sus intereses politicos y salirse del contexto que venia trabajando de muy buena manera. Aun asi me gusto


  4. Gabriel Spinoza

    La búsqueda de esteorotipos en la singularidad mexicana es en sí, ya un cliché. La figura del mirrey es el clasemediero perdido en el arqueológico y anacrónico estudio de clases: el papaloy desterrado y venido a fan from hell.
    El análisis serio del mirrrey como posers que se hallan sobrecodificados por determinaciones en culturas de consumo, vendría a reflejarse en el reducto de la dominación de las marcas como sintagma de “clase social”.
    Por último, la sana sátira al mirrrey me parece hilarante y ¿porqué no hablar de una cultura etiquetas sociases ficiticias? ¿Porqúe no ser suspirante presidencial, “escribir” un libro y no poder mencionar tan siquiera tres títulos?
    A manera de nota de pie de página, tu prosa me parece singularmente parecida a la de L. Gónzalez de Alba; @Cocainelil se te adelantó en Twitter con respecto al Mirrreynato.

    Saludos

    @gabrielspinoza


  5. Lucero

    Me pareció un artículo genial, lleno de puntadas divertidas pero al mismo tiempo crítico de un estracto de la sociedad y política mexicanas. Me acordé mucho de este artículo ahora con el escándalo de Peña Nieto, el oso que se aventó en la FIL y los twits de su hija y el novio.

    Los mirreyes pueden verse bonitos, oler bien y ser super atractivos… pero no necesariamente tienen la cultura ni los conocimientos necesarios para destacar de una forma que no sea física. El #peñatón lo ha demostrado. Se pueden tener todas las habilidades para vestirse, peinarse y verse presentable pero no para responder a una simple pregunta de cultura general de forma coherente y acertada.

    Más allá de lo gracioso que pueda ser el artículo, me parece preocupante que dejemos las manos de nuestro país en gente como ésta, que cree que lo importante es el dinero que se tenga (o se finja tener) y que puedan hacer o decir lo que quieran sin tener consecuencias de sus acciones.


  6. Ramiro Maravilla

    Increíble. Leí en un comentario abajo que ser mirrey no es ser improductivo per se. Yo creo que 90% de los casos es cierto. Los mirreyes son hijos de familias acomodadas que alcanzan puestos altos por palancas e influencias, no por méritos personales. ¿Se valora el trabajo duro? ¿Se puede pensar que haya respeto por los viles burócratas que luchan por mejorar? ¿Hay empatía por el pueblo? El gobierno de los mirreyes es una de las peores desgracias para México. Y sí, son resultado de la muy mentada cultura capitalista que urge a consumir, endeudar y presumir.


  7. Jorge

    Yo creo que los mirrreyes no le hacen daño a nadie, son parte de la sociedad mexicana; como cualquier grupo forman parte de los 110 millones de habitantes que somos.
    Ante todo, debemos ser tolerantes, se critica a estas personas por ser “bonitos”, bien vestidos, exhibicionistas…. adinerados o no, es su problema si se quedan sin comer para pagar el champagne del fin de semana; es su problema si se van en blanco al trabajo al día siguiente; pero todo lo bueno o malo que tenga esta gente, definitivamente, no es indicador de que no sean seres pensantes, inteligentes y capaces de lograr cualquier cosa.


  8. thebishop

    todo mundo tiene su personalidad y eso de encasillar no me parece bien tu te etiquetarias como una persona muy critica intelectual, muy original y distinto a los demas sin embargo no dejas de ser uno de millones que se creen lo mismo pero bueno si eso te hace sentir mejor contigo mismo un sentimiento de “superioridad” adelante hombre regocijate con tu “realidad”


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