noviembre 22, 2011

Clint Eastwood se topa con J. Edgar Hoover. Reseña

Escrito por Esteban Illades*

En el póster de J. Edgar, la nueva película de Clint Eastwood, el título está escrito como la firma del personaje principal (y la cinta se llama J. Edgar, en lugar de J. Edgar Hoover). La pretensión es mostrar un retrato íntimo y personal de J. Edgar Hoover, el hombre que dirigió el FBI desde su concepción y durante casi cincuenta años. Dentro de todo, lo es. Pero Hoover, como tantos otros personajes, no puede ser separado de su profesión/obsesión. J. Edgar es, por ello, una biografía del FBI también.

La historia comienza, literalmente, con una explosión. Hoover, en sus últimos años, recuerda lo ocurrido al inicio de su carrera en 1919, cuando trabajaba para el Department of Justice. Una serie de bombas son colocadas en distintos lugares de Estados Unidos. Todas dirigidas a figuras de autoridad, las bombas son fabricadas por anarquistas. Hoover, al llegar a una de las escenas del crimen, se percata inmediatamente de lo mal que la autoridad maneja la situación. Los policías manipulan la evidencia. Pisan y dejan marcas de zapato. Hacen todo lo que ahora sabemos por CSI que no debe hacerse.

A partir de ese momento, Hoover (Leonardo DiCaprio, que da una buena actuación a pesar de las capas de maquillaje y prostéticos) incorpora a la ciencia como elemento principal de su misión. Lo que no queda claro es qué misión es. ¿Centralizar la información? ¿Proteger a Estados Unidos de un enemigo interno?

Hoover se pinta a sí mismo como alguien que pone la patria primero. El país debe ser defendido a toda costa de las diversas amenazas -primero el comunismo, luego los gángsters y finalmente Martin Luther King. Hoover es quien decide cuáles son los peligros a los que se enfrenta Estados Unidos. Se erige como el supremo protector.

Gran parte de J. Edgar es la vida de Hoover vista por sus propios ojos. Lo que el espectador sabe de él es lo que él relata a sus múltiples biógrafos -agentes del FBI, cuya única tarea es redactar lo que Hoover dicta. El resto es una historia reimaginada por Dustin Lance Black (guionista de Milk).

En realidad, todo es reimaginación. Las hazañas que narra Hoover siempre son exageradas. Algunas incluso falsas, como se descubre posteriormente. Lo que ocurre fuera de su autobiografía -es decir, en el guión de Black- también es ficción. A lo largo del tiempo que Hoover fue figura pública, e incluso después de su muerte, siempre hubo rumores sobre su inclinación sexual. Black imagina a Hoover como un ser reprimido, tal vez homosexual, tal vez asexual. Lo cierto es que una vez que conoce a Clyde Tolson (Armie Hammer, los gemelos Winklevoss en The Social Network,), no tiene ojos para nadie más. Tolson se convierte en su segundo al mando por el resto de su vida.

Mientras que Tolson -caricaturizado por Hammer- ve a su jefe con adoración pura, él es visto por Hoover como alguien en quién depender. En una de las escenas más íntimas, Tolson le declara su amor. Hoover responde que él lo estima mucho. Para Hoover el amor es lealtad: cuando conoce a Helen Gandy (Naomi Watts), él la intenta besar -es la tercera cita, lo cual implica, en la convención social, que es lo que tiene que hacer. Ella se aleja. Hoover responde pidiéndole matrimonio. Gandy dice que no. Entonces le ofrece el puesto de secretaria, puesto que desempeña durante los 48 años siguientes.

El afecto de Hoover es a través del control.

J. Edgar es una mezcla de película de acción, intriga y melodrama. Los mejores momentos ocurren cuando Hoover está inmerso en su trabajo, y el público ve cómo la historia de Hoover es paralela a la del FBI y la historia del FBI es paralela a los Estados Unidos. Vaya, Hoover es Estados Unidos. Es intolerante a lo desconocido. Busca imponer su punto de vista. Y mantener el poder a toda costa.

La cinta es desigual, por no decir desenfocada. Durante gran parte de los 137 pesados minutos, es inevitable pensar que se le escapa de las manos a Clint Eastwood. El guión de Black, conciso en acción, excesivo en melodrama, sobrepasa a Eastwood, algo que parece imposible. Nunca cuaja como algún género en particular.

A veces quiere ser como The Aviator -con todo y el efecto Technicolor que tanto le gusta a Scorsese. A veces como Brokeback Mountain -DiCaprio como Heath Ledger, reprimido y a disgusto con lo que parece ser su naturaleza. Y en escasos momentos, quiere ser una película de Clint Eastwood.

*Estudiante de la maestría en periodismo en Columbia University. @steviehousecat en Twitter.


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