septiembre 5, 2011

Crónica de una inundación

Escrito por Cisne Abyecto

El año de la gran inundación nada fue diferente para mí hasta el albor de su noviembre trágico, Tabasco no vivía un momento particularmente bueno o malo. Tras un año electoral que termino como todos, sufríamos los residuos del ambiente festivo de los primeros meses del peor sexenio en el trópico, cálido, húmedo edén mexicano

El martes 30 de octubre de 2007 a las nueve de la noche me entere, por la televisión, que había problemas serios en la capital del estado, gran parte de las colonias permanecía inundada y se esperaba que en cualquier momento se rompieran los bordos de otras más, entre las que; la mía, bailaba al centro con rotundo protagonismo. Hasta entonces la lluvia constante había sido un aporte hídrico a la poética del paisaje, pero la voz de los pseudoperiodistas del canal local se tornaba trágica al abordar el tema de las condiciones en las que militares y ciudadanos luchaban por reprimir la fuerza inagotable del tránsito fluvial. Sin mas que dudas opte por la concreción de la sensopercepcion directa y enfile hacia el malecón, en el entendido de  que si algo estaba ocurriendo, solo el rio podría aportar certeza contundente al respecto

El rio no era, ni se aproximaba a ser el cordón de plata que parte a villahermosa en dos, para endulzar la vista del transeúnte consuetudinario. Era un monstruo rabioso que al mínimo descuido, escupía con truenos los costales de arena hasta el otro lado de la calle. La gente como nunca, estaba viviendo la verbena de la creciente, platicando o sirviendo caldos y café a militares y voluntarios que no se separaban de la orilla donde se planeaba formar un muro protector de los sueños de esa noche, pocos pudieron dormir en el desorden de las sirenas que anunciaban la necesidad de evacuar esas zonas, a fin de que nadie corriera peligro. Una aplastante mayoría opinaba que nada pasaría, esa zona jamás se había inundado repetían los viejos intentando creerlo en la orfandad de la certidumbre

El café nos mantuvo despiertos a algunos, que esa noche supimos, había llegado la hora de levantar todo lo que pudiera salvarse. Nada parecía real, las películas del fin del mundo serían distintas desde entonces. Corrí a salvar lo que podía, las cosas necesarias, a mi juicio, para iniciar otra vida después de ésta que estaba a punto de ahogársenos. Estaba sola en eso, nadie más se iba inundar; según dijeron. Así; solitaria, como única marinera del barco a punto de naufragar, metí ropa y zapatos en un closet de plástico para poder arrastrarlo y subirlo hasta el tapanco, con la tele prendida, esperando sin fe la noticia de que todo se estaba regularizando, que cerrarían las compuertas para que la presa no inundara tabasco, que todo estaría bien

Dormí poco, dormí mal, dormí. Al despertar todo era distinto, el ruido de la calle parecía estar dentro de la casa, la gente estaba sacando sus coches a los sitios altos y se despedían con sonrisas de pena, en adioses que parecían eternos, el tiempo pasaba demasiado rápido para todo lo que faltaba subir, ya tenía más ayuda, pero menos horas. Cuando hube subido todo lo necesario, tocó que la peor parte allanara hasta la desolación toda fortaleza. Camine a mi  biblioteca, pensaba salvar los libros que pudiera, para que al secarse todo, tuviera yo algo mío a lo que asir la nueva realidad que naciera de ese desastre. Al estar frente a ellos no pude decidir cuales subir, eran tantos, mis fuerzas tan escasas, todos me importaban demasiado como para poder decidir cuales debían sobrevivir. Más de cinco mil ejemplares me miraban impasibles, sin desprecio siquiera ante las cobardes dudas que debieron ahogarse con ellos. Llore, llore a platón, llore a vargas vila, a sagan, a lacan, a wilde, a kafka, mi ejemplar de “el cartel” autografiado por jesús blancornelas, llore a burgoa que nada me importaba pero siempre había estado ahí. Llore libretas con los poemas más baratos que mi adolescencia pudo parir. Llore con los pies mojados mis casetes viejos que ya estaban flotando. Mientras el rio estaba siendo celosamente resguardado por cordones humanos sosteniendo costales, la laguna de atrás de la colonia se había salido de su margen porque nadie pensó que pudiera pasar, nadie puso un costal en esa orilla, pero el agua llamando al agua, saco el cauce del rio a la calle, lo subió a las banquetas, lo metió a las casas y acabó con todo

La noche de ese día los colonos de casablanca se hartaron de que todos los planes fungieran como coadyuvantes de la tutela del centro, oponiéndoseles en la tarea de salvaguarda contra el infortunio próximo. Al saberse encerrados en un destino acuático, derribaron los costales que mantenían seco el primer cuadro de la ciudad, asumiendo que así la democracia también podía empaparse

El primero de noviembre de 2007, la ciudad era un inmenso barco hundido ante individuos que habían pasado del estupor a la abstracción en las frías azoteas, debajo de la lluvia y los helicópteros, con lámparas de mano y radios encendidos. Al tercer día de azotea, las pilas del radio murieron en mitad de la noticia del rumor sobre la ruptura de la presa. Sin efugio que gozara de más viabilidad, fue necesario salir en lancha con lo básico y mi neceser de maquillaje hacia lo seco

Había pensado que estábamos mal, que los problemas estaban demasiado próximos, que quizá éramos muchos más los inundados, que habría especulación, hambre, escasez, hasta que vi las cámaras de cnn, entonces supe que estábamos jodidos, que todo se había ido a la mierda sin escalas previas, que el tiempo no volvía cuando lo irremediable en la tierra se convertía en un asunto de todos.

289 comentarios a “Crónica de una inundación”


  1. Parrish
    Twitter: Parrish2020

    No sabia que eras mujer hasta leer la parte del maquillaje y volver al nombre del aut@r
    Creo que aun me afecta el machismo
    Y bueno ya vienen las lluvias, a tomar precauciones. Saludos.


  2. Aurora

    No se olvidan aquellos días, Cisne Abyecto. Saludos y buena crónica


  3. kariniux2010

    Todo comentario quedara corto después de lo vivido, la perdidas duelen pero, la entereza y toda la fuerza interna es la que hoy nos tiene aquí después de esa fecha catastrofica… Tabasco esta lleno de verdades ocultas y humillantes mentiras….


  4. Poroshnyj

    Ud es una mujer valiente. No sé si podría enfrentar una situación así y volver a armarme. Recuerdo cuando me describió el río dentro de la casa; y una biblioteca completa flotando. EL horror que la hizo prometerse no comprar libros de papel nunca más, luego de ver ese puerto terrible, pleno de sus queridos autores.
    Si esta publicación electrónica se precia de alguna forma, buscará otros modos de hacer que ud vuelva a escribir. Lo digo con total objetividad.