agosto 31, 2011

“Little Mexican” El sombrero del joven Huxley

Escrito por la redacción

En 1924, Aldous Huxley tenía 30 años y ya llevaba casado cerca de cuatro con María Nys. En algún momento de ese año, Huxley debió haber abierto un cobertizo o una maleta y encontrádose con un tesoro de juventud, algo más que un simple objeto preciado. Era un sombrero de ala ancha, muy ancha, que le había abierto muchas puertas en su primer grand tour en Italia, un par de años antes de que comenzara la primera guerra mundial.

“Pero en esta Europa nuestra, donde el espacio es limitado y las escalas más pequeñas, el little Mexican era portentoso, un gigante entre los sombreros. Colgaba ahí, en el centro de la vitrina del sombrerero, una enorme aureola negra, digna de un rey entre demonios [...] Dejé la tienda con el little Mexican en la cabeza, y mi sombra proyectada en el pavimento de Ravenna era como la sombra del pino sombrilla de Japón”.

Huxley explicó porque le dedicó un relato a su sombrero:

“¡Querido mexicano! Representa para mí toda una época de mi vida. Muestra de la emancipación y el primer año en la universidad. Simboliza el descubrimiento de ¡cuántas cosas nuevas, nuevas ideas y nuevas sensaciones! — de la literatura francesa, del alcohol, de la pintura moderna, de Nietzsche, del amor, de la metafísica, de Mallarmé, del sindicalismo, y sólo dios sabe de qué tantas cosas más. Pero, sobre todo, lo atesoro porque me recuerda mi primer descubrimiento de Italia. Evoca, mi pequeño mexicano, todos las emociones, los asombros y los raptos vírgenes del primer tour italiano en el otoño de 1912.

En éste, una de sus historia cortas más brillantes, Huxley continuó relatando cómo este sombrero tan ampliamente excéntrico, que lo hacía ver como el joven pintor que no era, lo llevó a conocer al Conde Tiribassi y a su familia, a entender más de Italia de lo que su guía Baedeker le hubiera enseñado. Todo gracias a su pequeño mexicano. Tan intenso es el relato que dan ganas de correr al closet o a la bodega, hurgar entre lo viejo y olvidado y encontrar nuestra muy propia versión del pequeño mexicano. Nuestra primera seña al mundo del ánimo de emancipación.

 


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