julio 27, 2011

La revolución ciclista, sí, pero en plural

Escrito por Álvaro José Ruiz

El número de El País semanal del domingo pasado (17 de julio) dedicó su reportaje central a la llamada revolución ciclista que ha tomado las calles de Europa desde hace unos años. En la portada aparece una joven sobre su bicicleta, detenida, con los pies en la banqueta, y esperando atravesar la calle por un cruce peatonal. Una imagen que, personalmente, me habla de orden y obediencia. Sobre todo, tratándose del tema del uso de la bicicleta en la grandes ciudades del mundo.

El reportaje, bien documentado y defensor de la calidad de vida en dos ruedas, nos obsequia algunas referencias esenciales como el libro Diarios de bicicleta de David Byrne, cantante locuaz de Talking Heads. Sin embargo, hablar de revolución ciclista implica otros campos que, lamentablemente, el reportaje ha olvidado citar. Empecemos, por ejemplo, con el mayor movimiento bicicletero del mundo que inició en Estocolmo en los años setenta y se consolidó en San Francisco a partir de 1992. La formación de la hoy conocida Critical Mass constituye el mayor antecedente y el más claro promotor de la lucha ciudadana por el uso urbano de la bicicleta y la discriminación del automóvil.

Chris Carlsson, entre otros, decidió convocar –el último viernes de cada mes-  manifestaciones en dos ruedas, marchas sobre los pedales, con el fin de mostrar a la sociedad y a las autoridades que la bicicleta era un medio de transporte viable, divertido, ecológico, barato, saludable, recreativo. La idea de estas congregaciones, que habrían de adquirir importancia mundial, era también ganarle al automóvil su autoproclamado espacio, estúpidamente determinante a la hora de construir ciudades.

La masa crítica, además, busca poner en crisis un sistema donde impera la comodidad del volante, la dependencia, el consumo inútil de gasolina que alimenta a las petroleras, la contaminación, y los resultados nefastos que todos conocemos: millones de muertos atropellados o en choques, enfermedades respiratorias, ruido, estrés, derrames petroleros en el mar, destrucción del medio ambiente etc. El éxito de las masas críticas se vive a flor de rayos, pedales y manubrios en muchas ciudades del mundo, a veces con regularidad semanal.

Una de las más conocidas es posiblemente la Ciemonna italiana que se organiza cada año en Roma, durante la última semana de mayo. Durante tres días, alrededor de 8 mil ciclistas se deslizan por las calles y celebran la inteligencia de las dos ruedas frente a la tosquedad del auto. Para los turistas sedientos de aventura es una de las formas más bellas de conocer la geografía romana. Bajar a toda velocidad por la Via Labicana, con el impetuoso Coliseo al fondo, o recorrer las orillas del Tíber una y otra vez en medio de una orquesta móvil y de un coro de nacionalidades, son experiencias que fomentan los organizadores de esta manifestación.

Podríamos hablar también de los talleres, no necesariamente clandestinos ni sucios, que organizan asociaciones como los Bicitekas en México, Vélorution en Francia, el Center for Appropriate Transport en Oregon, la Associazione Ciclonauti en Roma, entre otros. En estos talleres se reparan, venden, retocan, pintan, remachan y reconvierten bicicletas con una creatividad absoluta. La mayor parte de las piezas, desde los cuadros hasta los tornillos, es material reciclado o recuperado de desechos industriales.

Las revoluciones ciclistas de los 90 se han nutrido de otras ideas para engendrar un movimiento mundial multifacético, a veces abanderado bajo la insignia de auto-propelled culture, que invoca la creación de una sociedad auto-suficiente y ecológicamente sustentable.  Hoy en día, la utopía ciclista necesita alimentarse de la creatividad y el desenfado de las primeras organizaciones para seguir su imposible lucha contra el lobby petrolero y las transnacionales automotrices. Chris Carlsson, autor del libro Nowtopia, al que tuve la oportunidad de conocer en medio de un barullo de discos, piñones y cadenas, me sacó de inquietudes y pesimismos: “Nunca olvides que la tortuga fue más lista que la liebre”. También recordamos el humor de Albert Einstein: “La vida es como una bicicleta, hay que avanzar para no perder el equilibrio”.

Aquí les dejo imágenes personales y links de todo tipo, esperando seguir alentando esta y todas las revoluciones ciclistas que podamos imaginar….

 

Bicitekas de la Ciudad de México: http://bicitekas.org/

 

Human Powered Machines en Oregon: http://hpm.catoregon.org/

 

Blog de Chris Carlsonn: http://www.nowtopians.com/

 

 


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582 comentarios a “La revolución ciclista, sí, pero en plural”


  1. Mario Ivan Juárez

    No me encantó lo de “creatividad absoluta”. Pero fuera de eso, muy buen artículo Bali!


  2. DXolotl

    Solo agotando las opciones que se nos brindan podemos descubrir el absoluto. Las maravillosas posibilidades de la bicicleta son tan bastas que solo la creatividad puede ser total.