mayo 6, 2011

Sinécdoque DF (Pezo y Ellrichshausen)

Escrito por Alejandro Hernández Gálvez

Autor: Pablo CrespoDudo llegue a ser una obsesión, pero una de mis manías públicas, digamos, es coleccionar fotos de arquitectos y modelos a escala. Por lo tanto no necesito confesar mi propensión a que me gustara lo visto al llegar a la inauguración de la muestra de Pezo y Von Ellrichshausen en el nuevo espacio para la arquitectura abierto por LIGA (grupo formado por Productora –Abel, Carlos, Víctor y Wonne– más Ruth Estévez), en la esquina de Insurgentes y Chiapas –en un muy buen edificio de Augusto Álvarez y Juan Sordo Madaleno. Descrito brevemente, en el pequeño espacio de LIGA se exhibe un gran museo –a escala– con doce salas dedicada cada una a exhibir un proyecto –a escala– de esta pareja de arquitectos chilenos.

La experiencia al entrar y –al menos el día de la inauguración– formarse para recorrer las salas, asomándonos por las puertas de cada una, o agacharse y entrar al patio interior del museo para ver lo mismo desde otro ángulo, pone inmediatamente en juego una serie de ideas sobre la escala –que, según escribió el francés Philippe Boudon en su libro Sur l’espace architectural (1971), es el concepto central que articula la operación de la arquitectura (o, digamos, de lo arquitectónico). No es lo mismo, definitivamente, entrar en la sala de un museo o galería y recorrerlo entre amigos o desconocidos, que, multiplicados por diez –el museo de Pezo y Von Ellrichshausen está a escala 1:10– entrar, hasta donde la mirada nos lo permite –pues no hay otra manera– a una sala donde probablemente te encuentres con la mirada de otro –tema también central de la arquitectura según, entre otros, el filósofo japonés Kojin Karatani. Enfrentados así a mirarse de puerta a puerta, cara a cara o, más bien, ojo a ojo, uno se siente apenado, descubierto en ese acto escopofílico que es ver una exposición –multiplicada también la pulsión voyeurista por diez. Al otro lado, atravesando la sala entre maquetas, dibujos y fotografías de diversos proyectos, te encuentras con otro ojo que, cual dijo Machado, “no es ojo porque lo veas, es ojo por que te ve.”

Los objetos arquitectónicos no tienen una escala precisa, o bien tienen múltiples escalas dependiendo del material con que están construidos, el lugar, la estructuración del espacio interior y los elementos que definen su uso o su volumen” –escribió Federico Soriano en el capítulo sin_escala de su libro sin_tesis. La escala, pues, no es algo definido o definitivo sino siempre un acuerdo, una relación establecida momentáneamente entre las cosas, el ojo y el cuerpo. Nada revela mejor esto que el gesto –cada vez más en desuso gracias al dibujo asistido por ordenador– de manipular aquellos escalímetros de sección triangular –especie de toblerones métricos– girándolos hasta dar con la escala adecuada para ese dibujo, para ese momento. Y es que la escala no es, en realidad, un tema de tamaño sino de información, de cantidad y calidad de información: a cada escala la información necesaria y pertinente.

La escala es pues no un asunto de tamaño sino de información –en un sentido casi etimológico de dar forma: in-formar– y por tanto de medida. ¿No es la medida un asunto de tamaño? No. En un texto en el que glosa –una vez más– el verso de Höelderlin –”pleno de méritos, pero en tanto poeta, el hombre habita sobre esta tierra”–, Heidegger explica que el acto fundamental de la poesía –entendida en griego, poien, como producir– es tomar la medida. no seguir esta o aquella medida ya establecidas –no rellenar el endecasílabo, digamos– sino “tomar la medida con la cual habrá cada vez que medir(se).”

Y esos son los modelos (a escala): el establecimiento de una medida. no del 1 a 10 o del 1 a 500, sino de la medida de algo o alguien con(tra) algo distinto o algún otro: el templo con el dios que lo habita y el risco que lo sostiene, la casa con el hombre o el puente con el territorio que (re)liga –parafraseando a Heidegger. Un modelo –escribe Albert Smith en su libro Architectural model as machine (Architectural Press, 2004)– “es un mecanismo para pensar y definir, diferente de reglas, cintas métricas o tazas para medir cuyas medidas ya están definidas.” Esto es: el modelo no mide, establece la medida. Por eso –agrega Smith– los modelos arquitectónicos deben entenderse como experimentos, puestas a prueba, “mecanismos usados para hacer visible lo invisible.”

La pregunta ¿qué representa un modelo arquitectónico?, abre pues –según el mismo Smith y según lo que explicaban Pezo y Von Ellrichshausen en la plática que siguió a la inauguración en LIGAuna serie de consideraciones sobre la condición de la arquitectura misma como representación de algo.

El modelo pone en crisis la idea misma de representación –en general, sea modelo científico, económico o, en este caso, arquitectónico. “El modelo –escribe Patrick Healy en The model and its architecture (010 Publishers, 2008)– se toma como un elemento en un proceso arquitectónico, pero también tiene una existencia independiente como objeto: el modelo es una idea y un objeto; trata de un proyecto pero también de sí mismo.” Recordando el trabajo de Peter Eisenman entre los años 60 y 80, Healy sostiene que “un modelo puede ser algo más que la representación de la realidad: puede ser la realidad misma y, también, una distorsión de esa realidad.”

Mucho más puede decirse, a partir del trabajo y la reflexión de Mauricio Pezo y Sofía Von Ellrichshausen sobre el tema de la escala, los modelos y la representación en arquitectura. Pero vale más, por ahora, invitar a no perderse esta muestra y a perderse en esa multiplicación de adentros –seguramente en alguna sala que no alcanzamos a ver está la propia maqueta de este museo, con las maquetas de las maquetas que exhibe, en un universo puesto en abismo a la manera del film de Charlie Kaufman Synechdoche, New York.

 


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